“Poner el culo”: las memorias de las disidencias plasmadas en más de una década de Agenda Kuir

El libro, publicado por Trío Editorial, es la compilación de todos los textos —literarios, académicos e híbridos— que fueron publicados entre el 2013 y el 2025 en la icónica Agenda Kuir, pascualina coliza que reunió las reflexiones de ese periodo, haciéndolas coexistir con la cotidianidad de quienes apuntaron sus vivencias en este dispositivo de organización. “Poco a poco fuimos construyendo colectivamente una amplia red afectiva implicada en el tráfico de conocimientos críticos y creaciones artísticas”, cuenta Felipe Román en esta entrevista.
“Un ensayo y práctica constante de archivo”. Así describe el proceso de realización de Agenda Kuir, desarrollada desde hace más de una década por el diseñador y activista Felipe Román. Esta trayectoria ha quedado plasmada en Poner el culo, libro publicado el 2025 por Trío Editorial.
De agenda a libro. En sus orígenes, sigue Román, lo vio como “una urgencia que fue ocurriendo desde Valparaíso al mundo como una alternativa documental y que, en sus doce números, se especializó en la publicación de otros ensayos y otras prácticas artísticas (y estéticas) en el plano de la escritura, las artes visuales y de performance, de diferentes autores antinormativos”.
Visto así, el libro Poner el culo “es la continuación de ese mismo movimiento archivista, el cual emerge con motivo de los diez años de la publicación, hace ya tres”.
Todo esto queda revisado en esta edición, financiada por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2025, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Región de Valparaíso, que incluye gran parte de estas escrituras que, en distintos registros, revisan experiencias, dimensiones y perspectivas críticas en torno a las disidencias sexuales.
El libro, sobre el que ahonda Felipe Román en esta entrevista, lo puedes conseguir escribiendo a las redes de la editorial.

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-¿Cómo describirías el proceso de revisión de todo el material acumulado en estos años?, ¿qué lugar ocupa en el proceso mismo del proyecto agenda kuir?
En el proceso de organización, documentación y revisión de toda la publicación, con el enfrentamiento de los materiales que se habían archivado, es cuando comienza a tomar fuerza la realización de este libro. Me interesaba fervientemente publicar en una sola edición todos los textos de Agenda kuir, porque sentí una responsabilidad tremenda con las voces, la memoria y el futuro de esa literatura única, (im)posible, antiautoritaria y contrahegemónica. Su contribución va más allá del presente; se trata de alterar de manera crítica la memoria colectiva del futuro.
-Este proceso es sin duda un ejercicio de memoria que aplicaste desde otro territorio, desde Cataluña. ¿Cómo marca esto último el trabajo que realizaste?, ¿qué perspectivas abrió?
La distancia siempre altera la forma de ver y comprender cualquier fenómeno o hecho. En mi caso, estar fuera de Chile mientras ideaba este libro significó una mirada retrospectiva hacia adentro para valorar y distinguir las líneas que cruzaron mi desempeño con este proyecto. Por un lado, reconocer que he realizado una práctica curatorial, ya que a partir de la publicación se generó una plataforma de mediación entre creadores, obras y una comunidad afectiva.
Por otro lado, y con doce números, supone un ejercicio de archivo, puesto que reúne una serie de documentos testimoniales (textos e imágenes) de comunidades subalternas. Al mismo tiempo, el ejercicio prolongado de este proyecto ha significado una práctica antinormativa, tanto por los contenidos, como por una mayoría de autores minorizados (personas trans, travestis, maricas, lesbianas, etc.) y por la práctica de una estética propia y experimental, alejada de las convenciones editoriales.
Debo confesar que todas estas reflexiones se dieron mientras cursaba un máster de investigación en arte y diseño (MURAD), en cuyo contexto decidí situar como objeto de estudio la publicación periódica Agenda kuir. Eso facilitó una reflexión crítica de esta práctica artística que no me había permitido con anterioridad, ya fuera por no contar con el tiempo o por la incapacidad de poder abordarlas.

-Hoy eres parte de un proyecto de articulación editorial/comunitaria/queer como es “la prole”. ¿Cómo ha sido esta experiencia de la que participas?
Primero quiero explicar que la prole es una librería especializada en feminismos, diversidad sexual y antirracismo, ubicada en el barrio de Sant Antoni en la ciudad de Barcelona y que en el año 2025 —cinco años después de su fundación— estuvo a punto de cerrar por un cúmulo de razones. A partir de este hecho y junto a un grupo de personas, en su mayoría chilenas, comenzamos una campaña llamada “Salvemos la prole” con el objetivo de mantener la librería abierta y así no perder un lugar de referencia y actividades culturales que varias de nosotras frecuentábamos con anterioridad. Así logramos una campaña exitosa que reunió dineros a partir de donaciones que permitieron mantener la librería abierta hace ya un año aproximadamente.
Como en muchos proyectos, hay de dulce y de amargo. Por un lado, es gratificante que la librería siga abierta, que los eventos que realizamos sean en la mayoría un éxito y que formemos parte del tejido cultural de la ciudad, además del cariño y afecto que nos manifiestan usuaries y clientes. Pero hay un lado que es muy difícil, que tiene que ver con enfrentar un contexto inmobiliario brutal, además de una creciente crisis económica que claramente afecta el bolsillo de las personas que realizan un consumo cultural.
Barcelona es una ciudad muy tensionada por diferentes intereses económicos, donde te puedes gastar cerca del 74% de tu salario en el arriendo de un departamento. Y nosotros no somos la excepción: cuando realizamos el traspaso de arriendo, la inmobiliaria aprovechó para subir el alquiler, una práctica de abuso muy instalada. El ayuntamiento (municipalidad) instala la idea de que no hay una crisis generalizada para el sector de las librerías, pero la verdad es que muchas viven de las subvenciones y, según cifras, desde el 2019 hasta hoy ya han cerrado más de medio centenar. Y, por supuesto, nada de esto se puede comparar con Chile, pero hay que comprender que Barcelona es un referente mundial por volumen de editoriales, librerías y bibliotecas públicas —estas últimas hoy también enfrentan su propia crisis que mantiene a las bibliotecarias en una huelga indefinida desde hace ya tres semanas.
Estamos en tiempos difíciles para la cultura en todo el mundo y es nuestro deber estar atentas y defender un modelo de democracia cultural que garantice el derecho de todas las personas a crear, acceder y decidir sobre la vida cultural de su comunidad.
-Sobre Agenda kuir y su formato, esta es una agenda particular, donde no solo encontramos el espacio para las fechas, el calendario, sino que hay una curatoría y elección de textos que acompañan que poseen una afectividad y una politicidad. ¿De dónde surge ese modelo?
La propuesta editorial de Agenda kuir surge en el ambiente de la autogestión, en el seno de las prácticas HTM (hazlo tú misma) y muy vinculada a personas de los movimientos de disidencia sexual y antinormativos, cuyos espacios políticos se basaban en la confianza mutua y la horizontalidad.
Ahora bien, la publicación nace en la primavera del 2012 junto a mi amiga Kono, más conocida en el ambiente como “La cerda punk”, con la intención de generar un medio que permitiera vincular diferentes experiencias creativas en el plano de la disidencia sexual.
Las marginales queríamos ser protagonistas y teníamos el conocimiento técnico, intelectual y afectivo para hacerlo. Fue así como poco a poco fuimos construyendo colectivamente, junto a colaboradores de números anteriores y venideros, una amplia red afectiva implicada en el tráfico de conocimientos críticos y creaciones artísticas de temática kuir. Así, a lo largo de los años, la agenda se fue estableciendo como un archivo que reúne mayoritariamente obras de creación reciente (más algunas inéditas) como un ejercicio que intenta documentar un periodo de experimentación estética de nuestras comunidades.

¿Cuál es el papel que tienen las ilustraciones en las ediciones y en este volumen?
Las cubiertas de Agenda kuir siempre llevaron una ilustración, diez de ellas realizadas por Hernán Lazo (Maluloilustra), el octavo número por Toto Duarte y la primera por Vicente Gallardo.
En la mayoría de los casos, la ilustración fue un encargo según la idea creativa del momento y, en general, se fue trabajando la representación de personajes animales antropomorfos o imágenes simbióticas entre tecnología e interespecies. Ideas como la mutabilidad y el orgullo de lo diferente refuerzan estas representaciones entre la rareza y la fiesta, siempre andróginos, ya que no responden al binarismo de género, y al mismo tiempo marginales, pues los personajes tienen accesorios de la moda del underground entre otros elementos. La llama queerpunk de 2014, la vaca twerking de 2015, el gato BDSM de 2022 y el fauno haciendo pole dance de 2023 son parte de esa metamorfosis entre lo humano, lo animal y lo marginal.
En Poner el culo, las ilustraciones cumplen la función de marcar las secciones del libro, donde cada una señala el comienzo del número que estamos revisando, desde el último hasta el primero.
-Con este gesto, señala la solapa, se proponen «una práctica a destiempo entre pasado, presente y futuro, en una generosa red de amistad radical». ¿Cuán importante es esta dimensión afectiva?, ¿cómo describirías la trayectoria de este aspecto ahora que hiciste la revisión?
Sostener la publicación a lo largo del tiempo ha significado una práctica afectiva con todes les involucrades. Muchas de las colaboraciones son altruistas y voluntarias, basadas en una visión radical del activismo, la solidaridad y la utopía queer. Además, la agenda siempre ha sido un espacio seguro donde diferentes creadores, algunes consagrades a lo largo del tiempo y otres que publican por primera vez, pueden convivir sin la presión de una curatoría pretenciosa y exigente.
Es más, la experiencia curatorial de Agenda kuir puede describirse como una práctica colectiva, que desde sus inicios estuvo abierta a la intervención de sus colaboradores para convocar, invitar y sugerir propuestas en cada número. Por lo tanto, el cuidado resulta fundamental cuando estás articulando un proyecto como este, y, aunque parezca básico, la conversación sincera, el cumplimiento de los compromisos y el respeto por el tiempo y la obra ajena son gestos que ayudan a la reconstrucción o regeneración de nuestro tejido social, que por lo demás ha sido tan dañado por el borramiento cultural y las políticas culturales de la competencia.
Ahora bien, en la edición del libro Poner el culo, tuve que volver a entablar conversaciones con algunes autores que ya no seguíamos colaborando por las distancias que genera el pasar del tiempo, y la verdad es que siempre encontré una buena recepción, supongo que por todo lo que he comentado anteriormente.
Desde los inicios de este proyecto, yo nunca he pretendido ejercer un tipo de poder y he aprendido en la práctica sobre la importancia del rol que estoy ejerciendo como editor y el respeto y la responsabilidad que elegí seguir.
-¿Por qué le pusiste «Poner el culo»?, ¿qué implica este concepto en un tiempo como el actual?
El título y la imagen del libro remiten a diferentes cuestiones, algunas en el plano de las citas y otras de las reflexiones críticas. Por un lado, la frase es una cita a los míticos versos «Yo no pongo la otra mejilla / Pongo el culo compañero / Y esa es mi venganza» del manifiesto Hablo por mi diferencia de Pedro Lemebel. Por otro lado, la imagen de cubierta es un homenaje al disco Superficies de placer de la banda argentina Virus, en cuya tapa aparecen en primer plano unos glúteos desnudos, por lo que popularmente fue conocido como “el disco del culo” (ilustración de Daniel Melgarejo).
La elección del título y la imagen fue una forma de sintetizar distintas ideas conceptuales que lo atraviesan. Primero, en la frase de Lemebel, el culo emerge como un elemento activo de confrontación frente a la violencia, subvirtiendo la estética y retórica binaria de su función o rol de pasividad. Por otro lado, y bebiendo del texto Terror anal de Paul B. Preciado, el culo se escapa a la retórica de una diferencia sexual, ya que no tiene género, rostro, ni identidad, además de ser compartido por todes. Por último, y respondiendo a los tiempos actuales, Poner el culo deviene un lema motivacional, un llamamiento a un compromiso activo, directo y valiente con nuestra diferencia, sin complejos, Poner el culo como acto político: nuestra sexualidad y placer por delante.
-La agenda se denominó «Kuir», ¿en qué sentido utilizan el término?
Kuir es una forma de escribir la palabra anglosajona queer y fue tomada de rayados anarcopunk en contextos ligados al movimiento de okupación y anarquistas de Valparaíso, al igual que su otra versión cuir.
Personalmente, creo que kuir no emerge de una problematización teórica del término, como han querido señalar algunos académicos sin calle, sino más bien de la agencia, inventiva y acción directa de una multitud disidente sexual que, al acercarse a las teorías del género del norte global, ejercía una legítima política de la desconfianza, de la enunciación y de la representación.
Agenda kuir formó parte de ese movimiento, y en Poner el culo, en el texto final «Líneas, interconexiones, chispazos y destellos», trato de abordar una posible genealogía, no especialmente de estos términos, pero sí de la biografía de esta publicación periódica y su relación con un contexto cultural más amplio donde se inscribieron una serie de prácticas contraculturales como este proyecto.
-La memoria, la construcción de memoria, ha sido una de las inquietudes de múltiples organizaciones disidentes sexuales. Para ti, ¿qué lugar ocupa hoy ese horizonte?
Para mí, la memoria es un asunto del futuro más que del pasado y que demanda un posicionamiento con el presente. Como bien sabemos, la memoria es una disputa política y cultural sobre los archivos del mañana como agentes de conocimiento; por lo tanto, es comprensible que para algunos actores el asunto principal sea el rescate de los vestigios del pasado.
Un interés legítimo y comprensible dada nuestra historia llena de borramientos y ausencia documental. Hoy, incluso, algunas de esas ausencias son rellenadas con metodologías especulativas por diferentes artistas de la imagen y la literatura. Justamente, esa práctica estética contemporánea por parte de la disidencia sexual es lo que me interesaba archivar para el futuro. Porque, aun cuando ha aumentado el interés por contenidos de la diversidad, al día de hoy, muchos creadores de la disidencia sexual continúan ocupando un espacio marginal frente a la normatividad.
Agenda kuir documentó en doce años lo que iba pasando, lo que acontecía, tratando de abrir un espacio en el presente, pero cuya finalidad siempre fue un patrimonio del futuro y de cómo romper o ampliar los márgenes de lo que se podía documentar y archivar. Estoy convencido de que Poner el culo alterará de manera crítica la memoria sobre la disidencia sexual, pero para saberlo tendremos que transformarnos en el pasado de una próxima generación.




