[Prólogo] Escrituras en resistencia. Lecturas críticas de poesía de mujeres

junio 19, 2026
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El volumen se compone de una veintena de textos que revisan críticamente la obra de veintiún poetas chilenas. Desperdigados en la prensa, publicaciones académicas y otros en estado inédito, el texto publicado por Ediciones Libros del Cardo se presentará el próximo jueves 25 de junio por la autora junto a Diamela Eltit, Carolina Escobar y Fernanda Moraga. Este prólogo lleva por título “Itinerario crítico-político a la poesía de mujeres”.

“Para vosotras, compañeras, valor y lucha, para las que persisten en la esclavitud: nuestro ferviente deseo de que pronto intenten liberarse”.

Rosa Garrido. Verba Roja n° 62, Valparaíso-Santiago, 1927. 

“El único delito, frente a la conciencia ya formada, es la pasividad, el letargo; las aguas pútridas de la inercia debe aventarlas el viento iracundo de la acción”.

Nellyda Vargas. La Protesta n°2, Santiago de Chile, 1931. 

Este libro no tiene un afán jerárquico, pero sí perspectivista en cuanto a considerar un conjunto de escrituras que enfrentan al canon y con ello desmontan un paisaje literario hegemonizado por las producciones de varones. El género, de tal modo, se convierte en este trabajo, en un eje, al igual que la emancipación. Todo texto de autoría de mujer, biológica o no biológica, que privilegie la emancipación es un texto contrahegemónico. Utilizo este último término en tanto problematización de una episteme neoliberal-patriarcal que ha colonizado nuestras vidas, nuestras escrituras y modos de lectura. Leemos y escribimos a partir de la imposición de un orden-ley binaria (hombre/mujer) donde la realidad es un terreno que rechaza el agenciamiento, donde se potencia el individualismo, el exitismo y la divinización del mercado. La memoria, en este contexto, se adelgaza y asume como parte de un pasado fosilizado, mientras el presente no es más que el constante aniquilamiento del deseo de cambio. Matar la utopía liberadora parece ser el principal objetivo al que apuntan las prácticas del poder, como forma de asegurar desde la raíz el predominio de su hegemonía.

Tanto la academia como los circuitos legitimantes públicos, entiéndase los premios literarios, la crítica literaria, los medios de comunicación, las redes sociales online y las redes sociales presenciales o lobby cultural, insisten en el gesto de exclusión de las figuraciones autorales y escrituras literarias de mujeres. Es decir, hace ya tiempo hemos alcanzado un relativo consenso al respecto. La paradoja es que ese consenso respecto a la exclusión sistemática de las mujeres no nos está conduciendo al fin de las prácticas discriminatorias, a lo más se reproducen gestos de valoración e inclusión que no reconfiguran el panorama, sino que simplemente le permiten a la hegemonía, al igual que con muchas otras injusticias, poder convivir civilizadamente con ella. La mayor parte del rechazo a la discriminación y a las actitudes misóginas se queda simplemente en lo retórico (lo políticamente correcto). Obviamente existen colectivos y fuerzas en resistencia, sin embargo y a pesar de la última oleada feminista el panorama del mundo literario sigue estando profundamente marcado por la exclusión patriarcal. 

Uno de los asuntos que en primera instancia surge en un libro como este es su supuesto afán canonizante. Al respecto vale señalar que el canon es un conjunto de obras selectas, legitimadas para la posteridad, consideradas como lo mejor de lo mejor. El canon es, principalmente, el producto de una episteme patriarcal. Pese a toda la crítica al canon, este sigue impertérrito su camino, instaurando figuras, nombres y obras ya sea desde la academia o los medios de comunicación. Batallar contra el canon es una exigencia que requiere, de tal manera, una propuesta que no intente replicar el gesto autoritario. Por lo tanto, es necesario no reiterar la exclusión, proponiendo un canon alternativo, ya que caeríamos en el mismo procedimiento cuestionado: construir un altar donde situar las obras excelsas. Porque el canon no solo presenta el problema de su matriz patriarcal, sino otro no demasiado evidente, pero igual de perjudicial: lo que ignora es más de lo que integra. Todo canon es control y opera por exclusión. Al construir un canon alternativo necesariamente se replica el gesto de cambiar solo el signo de la operación excluyente.

Por lo pronto, habría que mencionar qué entendemos por un fuera del canon o exocanonicidad. De acuerdo a Daniel Escandell, este término se refiere a: “una respuesta conceptual –y epistemológica– capaz de incluir obras y voces que han quedado fuera del canon tradicionalista, pero que pueden llegar a constituirse en referencias por méritos propios y, así, influir en lo hegemónico” (Santana y Pascua 11). 

En tal sentido, esta pequeña muestra, donde abordo un libro de cada poeta, representa lo que puedo denominar escrituras exocanónicas, las cuales poseen una condición de posibilidad canónica. Esto significa que potencialmente, toda obra exocanónica, puede convertirse en canónica. Es necesario, entonces, asumir la exocanonicidad de manera estratégica y transitoria, ya que siempre existe la opción de que las escrituras se hegemonicen. Por ejemplo, patriarcalizándose, templando el experimentalismo y las temáticas conflictivas. Por lo mismo, leer y escribir desde un lugar contrahegemónico es una táctica de resistencia que requiere actualizarse continuamente y con ello arriesgar la restricción de lectorías y presencia pública. 

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