Tatuajes: lo que hacemos con nuestras marcas de vida

El debut literario de Anais Mery (1998) publicada por Montacerdos, es una novela íntima y vibrante, que invita a reflexionar sobre el cuerpo como territorio de lucha y memoria, y sobre la posibilidad de reinventarse a partir de las cicatrices.
Tatuajes de Anaís Mery, llega con una mirada fresca sobre los vínculos contemporáneos y las formas en que una generación, nacida a fines de los noventa, habita el deseo, la rabia y la fragilidad. La autora, de profesión psicóloga, le saca punta a lo que vivencian sus pares y establece una novela con dos voces que funcionan de manera paralela: la de Sofía, una tatuadora ruda, -podría decirse que un poco rockera-, precaria y con una rabia casi encantadora; y Amanda, una bailarina que tras un accidente debe tratarse unas quemaduras que desea cicatrizar. Entre ambas se establece una relación intensa de pareja (sin spoiler), pero la novela no se limita al relato amoroso lesbiano y bisexual. La autora quiere ir más allá. Su verdadero interés parece estar en las marcas que dejamos sobre los otros y sobre nosotras mismas.
No cuesta mucho ver para quienes estamos embutidas en las metáforas y segundas lecturas de las narraciones, que este será el hilo conductor de la historia: cómo vamos transformando las heridas en nuestra propia vida y cómo, incluso, podemos auto inferirlas para sentir y transformar ese dolor en un aprendizaje; incluso en una epifanía. “Ojalá pudiera escribir con todo el cuerpo. Ojalá escribir sobre un papel fuese escribir sobre el cuerpo. Sentir algo de dolor cuando escribo estas líneas”, expresa uno de sus personajes.
Mery recuerda a otras autoras que han logrado mostrar cómo se establecen las relaciones en esta era digitalizada. Por ejemplo, su escritura me recuerda a Sally Rooney y su afamada “Gente normal”, más que nada porque son personajes que transitan entre contradicciones, heridas, momentos lúcidos y brillantes, conflictos con condicionantes sociales que hablan de la precariedad, y que a la vez, pretenden apartarse de esas realidades: a través de experimentar con hongos; con relaciones varias por aquí y por allá, y en que los hombres son mostrados como inseguros, dubitativos, frente a otros que son enfrentados a las opresiones propias de su privilegio y generación.
También, la novela experimenta con el humor. Este recurso opera como una válvula de escape frente a la intensidad emocional de las protagonistas, evitando que la novela caiga en un dramatismo excesivo. Digamos que funciona más bien como un aire. De hecho, el humor es una gentileza al lector y la lectora, y Mery nos brinda este regalo por sus páginas, aunque a veces parece que sus narradoras se contienen de recurrir a él. “Quizás hay cosas que nunca llegan a ser chistosas”, leemos.
El único punto débil, y que seguramente la autora podrá ir puliendo -recordemos que este es su primer libro-, es la misma estructura, pues las voces de cada una no quedan cien por ciento claras, se confunden y a veces nos perdemos entre las anécdotas. En estos términos de lo estilístico, novedoso es sobre todo el tachar algunas partes, como si nos mostrara a un personaje que va a la deriva de sus sentimientos. Es un símil a las rayas que le hacemos a los escritos a mano y que dejan ver las contradicciones que queremos ocultar.
No es fácil escribir dos voces que intentan diferenciarse, y la autora asume ese riesgo. Pero más allá de las cuestiones de forma, Mery logra hacernos reflexionar sobre la dinámica de los vínculos, la mirada generacional que hay en ellos, su modo de hablar, de establecer contacto con otras y con otros. Este estilo del habla está bien lograda en esta novela porque muestra además una característica de su profesión primaría: escuchar de manera atenta y activa cómo se expresa una generación.
En definitiva, Tatuajes es una exploración sobre aquello que hacemos con nuestras marcas: las que elegimos exhibir y las que intentamos ocultar. En ese territorio, en su primer libro, Anaís Mery, ya encuentra una voz propia y una mirada generacional que vale la pena seguir.



