¿Qué hay en ese montón de basura?

Sobre Basurales de Luis Valenzuela Prado
Literatura chilena y otros desechos reza el pie que acompaña al título de este libro. Así queda definido el ámbito en que circula su escritura. Acá leer y escribir es escarbar en un vertedero. La literatura chilena. Hurgar entre sus desechos. Desplegar un recorrido que teje, en la relación de sus múltiples referentes (artísticos, literarios, cinematográficos, musicales) una cartografía posible de ese espacio negado e invisible. Se me viene a la cabeza el poema Garbage de A.R. Ammons, escrito luego de ver una montaña de desperdicios mientras conducía por una autopista de Florida. Dice un fragmento del poema: basura tiene que ser el poema de nuestro tiempo porque/la basura es espiritual, es suficientemente creíble para/atraer nuestra atención, metida entremedio, estorbando,/mal oliente, volviendo a los riachuelos marrones y cremosos:/qué otra cosa nos desvía de los errores de nuestros ilusorios modos. El basural como topografía cultural y política. Como espacio cuyo mal olor estorba o desmiente las ficciones exitistas de una sociedad que, como la nuestra, oculta los mundos y las formas de vida que excluye o desecha. El reverso oscuro y pestilente del sueño neoliberal.
Sin embargo, a diferencia de la visión distanciada de Ammons desde la carretera, quien articula el relato de este libro se sitúa dentro del vertedero. Tiene los pies en la basura. Camina por el espacio de lo inservible recolectando aquí y allá sus materiales. Textos, imágenes. Reuniendo elementos para reciclar: surgiendo, enseguida, el reutilizador que en este ensayo proyecto en la figura del escritor o escritora, del director o directora de cine, del crítico o crítica. El reutilizador, entonces, será quien da un tratamiento, es decir, vuelve a valorar el desecho. Esa valoración es aquí reponer en circulación lo desechado en su calidad de huella o documento histórico y cultural. Pero también en su potencial de comprensión de nuestro presente. Como escribe el autor en un pasaje del libro: ¿Hay modo de rescatar esas cosas e insertarlas en nuestro presente? El problema de la basura arrastra muchas aristas en nuestra cultura y sociedad. “No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”, repetimos con insistencia la máxima de Walter Benjamin que redacta en “Sobre el concepto de historia” La basura, en apariencia descartada, sería esa barbarie que nos habla como documento. No es un hecho aislado; su pasado, su presente y su futuro son vinculares o relacionales; carga con políticas y modos de habitar el mundo que hacen eco en las acciones previas a la producción, manipulación y descarte de un objeto que deviene basura.
La de Valenzuela quiere ser una escritura crítica situada, política. Hacia una política de lo residual, se titula uno de los capítulos. Es la potencia política del desecho lo que intenta hacer visible. La basura es y será siempre lo periférico a la órbita utilitaria y funcional del poder. Recorrer estos mundos e imaginarios despojados es también una forma de ir a contrapelo no sólo de las representaciones sino de la condición material de ese despojo: La literatura y otras producciones artísticas esbozan la imagen de una nación, de un territorio y de una historia que expulsa a los que sobran, por ejemplo, inmigrantes, o que asume que hay cuerpos que importan, como escribe Judith Butler, y otros que no.
En el mismo sentido, la exploración del basural puede ser una forma de situarse en la historia de un país y una cultura. Establecer qué y a quiénes desecha una sociedad puede ser una buena coordenada para retratarla y evidenciar su evolución: La basura cambia con el devenir del tiempo: Nunca es la misma. La basura es parte de nuestra vida aunque la hayamos desechado. La basura puede ser una traza de sentido y memoria en medio de la obsolescencia programada que hoy parece no limitarse a los objetos, sino extenderse a la exclusión planificada de ciertas maneras de sentir, vivir e imaginar.
Este no es un libro de teoría, al menos no en su sentido restringido. Es un ensayo. Su punto de vista radica, tanto o más que en un aparato conceptual, en la biografía y la subjetividad de quien escribe. Cito en extenso este pasaje, me parece que describe bien este aspecto: No me presento como cronista ni como historiador, menos como urbanista. Tampoco como un flaneur baudelairiano, no sería una lectura correcta para recorrer los diversos basurales literarios. Con suerte, hágase la imagen de mí como un Diógenes de Sinope desgarbado, junto a mi perra quiltra Curi, aunque preciso que no soy filósofo y no vivo en un barril. Asumo que tenderé a ordenar y clasificar infructuosamente ciertas líneas, incluso imitaré el gesto del trapero y del coleccionista benjaminieano, ubicado uno en las antípodas del otro. No soy memorioso. Tiendo a recordar datos citas y escenas inútiles, aunque olvido detalles importantes y personajes de novelas o películas cardinales. Trabajo, sobre todo, escarbando, revisando y utilizando sobras encontradas en los basurales de la literatura y el cine, teniendo a mano una fotografía, una pintura o una canción.
La literatura chilena en el basural. El lugar donde viven los perdedores, los marginados, los inútiles, los resistentes. Un lugar literario pero, antes que eso, real, concreto, vivo. Un lugar que ha sido asumido y transitado por ciertas letras y artes nacionales, como demuestra la extensa constelación de libros, películas y otras producciones culturales que muestra e interroga este trabajo. Si hay algo que sabe hacer bien todo poder es esconder su basura, hacerla desaparecer. La literatura puede volverla visible, darle una imagen a eso que ha sido ocultado. Para seguirse preguntando, como hace este libro: ¿Qué hay en ese montón de basura?

Basurales. Literatura y otros desechos.
Luis Valenzuela Prado.
Ediciones Lastarria & De Mora
Colección 1846
2026



