Tamara Silva Bernaschina, escritora: “Me divierte más lo que la gente dice de mis cuentos que lo que yo creo que son”

Con dos libros de cuentos y una novela publicados en su país y ya en circulación por Latinoamérica y Europa, la narradora uruguaya nacida en la ciudad de Minas, en el interior de su país, revisa las lecturas que ha recibido de su imaginario literario, tipificado de terror y fantasía. Sobre su trabajo en editoriales locales, los talleres que dicta y del tiempo dedicado a la escritura va esta conversación: una ventana a las nuevas voces de la literatura de ese país.
Las dos resfriadas y en casa. Ella en Montevideo y por acá, en Santiago de Chile. El mismo continente, la misma estación del año, pero no el mismo frío. “Hace un frío terrible ahora, con humedad. Todo se pone verde en invierno”, dice como parte de los saludos con su voz dulce, calmada, pausada.
Lamentablemente, Tamara Silva Bernaschina aún no ha sido publicada en Chile (algo que debería pasar pronto). Pero sus libros están dando que hablar en Uruguay, España, Argentina y otras latitudes. Sus cuentos Desastres naturales (Estuario, 2023) recibieron dos Premios Bartolomé Hidalgo -el de Narrativa y el Revelación- y el Premio Nacional de Literatura de su país en la categoría Ópera Prima. Larvas (Páginas de espuma, 2025) -otro conjunto de cuentos- fue finalista del premio de narrativa de Finestres de Barcelona; y su novela Temporada de Ballenas (Estuario, 2024) recibió una mención de honor en el concurso literario Juan Carlos Onetti. Eso y sus ediciones en casas como Concreto, Paraíso Perdido…
Oriunda de Minas, al noreste y a más de 120 kilómetros de Montevideo, la escritora nacida el año 2000 vive actualmente en la capital de su país, esa que hoy, por el invierno, está poblada de verde. “Hace ya varios años que me mudé para acá. Me vine a estudiar Letras. Todavía soy estudiante. También trabajo en una librería y en una editorial. Allí hago el diseño del interior del catálogo. Me divierte mucho estar metida en el detrás de escena del mundo de los libros. También, hace dos años y algo coordino talleres de escritura”, cuenta respecto a su quehacer más allá de la escritura propiamente tal.
-¿Cómo se da esa doble labor?
Es lindo porque primero trabajé en la editorial (Estuario Editora) y después publiqué allí. Me gustó saber más o menos de qué va el proceso de edición de un libro, que a veces es mucho más misterioso junto todos los caminos extraños de la escritura. Pienso que conocer de un proceso que se puso en escritura, y luego, cuando el libro te abandona y empieza a circular en otros lugares, en la computadora de un corrector, de un editor, de un maquetador, cómo va modificándose ese texto, es algo que me encanta.
Me encanta el trabajo editorial, esto de pensar un catálogo, darle vida a un texto plano o un documento. Eso me parece muy estimulante. Ahora creo que vinculo eso también a la escritura y pienso qué portada va a tener este libro, cómo serán sus páginas…
-En tus cuentos está muy presente el imaginario de este paisaje más alejado de lo urbano, de Montevideo o de la ciudad en general, porque tú vienes de una región o de provincia…
…del interior dicen acá…
-¿Cómo influyó eso, el ser de interior, en tu acercamiento a la escritura, en las condiciones materiales que hicieron que tú hoy seas escritora?
Es bien interesante eso, porque siempre tuve acceso a libros con mi familia. Mi madre es maestra, entonces de muy chica en mi casa había libros, pero antes de Minas, que es una ciudad, viví en un pueblo más chico, Aiguá, donde, por ejemplo, no había una librería, pero sí, tenía amigos que viajaban a Montevideo y me traían cosas, o unos familiares o profesores del liceo que me prestaban libros.
Es cierto que viviendo en el interior, en una ciudad que está a más de tres horas de Montevideo -que para las dimensiones de Uruguay es bastante- sí había una lejanía total con el mundo del libro y con un circuito cultural que ahora sí está llegando más a otros lugares que no son Montevideo, también está centralizado, no solo en relación a la literatura, sino que en relación al teatro, en relación a la música, entonces todo parecía lejanísimo y escribir era más bien un acto en sí mismo. No era escribir para publicar, porque publicar viviendo allá parecía imposible y parecía algo que no me iba a pasar a mí porque estaba lejos de todos esos circuitos.
Después, con el tiempo, empecé a leer autores uruguayos, y me di cuenta de que no estaban tan lejos, de que había gente que estaba escribiendo cosas interesantísimas y que estaban vivos. Supe de la existencia de los talleres literarios y ese tipo de cosas. Pero todo fue llegando despacito al interior.
Capaz que cuando pensaba que nunca iba a publicar un libro era porque estaba leyendo gente extranjera con libros traducidos, en la peor traducción posible. Luego fui conociendo, fui dando esos pasos hacia el mundo de la edición independiente uruguaya, o el mundo editorial uruguayo, porque no todo es independiente.


-Una cosa es escribir en esa libertad de lo que decías del acto en sí mismo, y otra, un siguiente paso, es llegar al registro en el cual una escribe. Tú tienes una novela, pero principalmente has publicado cuentos, ¿que potencia encuentras en ellos y por qué llegaste primero allí?
Está bueno porque en la otra pregunta vos hablabas de las condiciones materiales, y para mí eso tiene mucho que ver con si escribís cuentos o si escribís novela. Ahora estoy trabajando en una novela y me cuesta mucho encontrar un espacio de escritura que pueda ser profundo y que pueda ser significativo, de todos los días, porque todos los días son distintos y volver a conectar con el universo de una novela es muy complejo. A nivel material, ese tiempo se traduce en dinero, en plata, y si estoy trabajando me cuesta poder poner un proyecto así a flote todo el tiempo. Tengo semanas en las que apenas puedo escribir media página; semanas en las que escribo capítulos; semanas en las que solo leo porque pasé dos semanas sin escribir, entonces tengo que volver a ponerme a tiro.
Esas son cosas que creo que antes no me preguntaba o no pensaba tanto, porque la escritura aparecía en cualquier momento, en cualquier lugar, y ahora tratando de ser más intencional, en los momentos que le dedico a la escritura empieza a aparecer: que a veces hay poco tiempo para dedicarle a algo que no da plata o no da tanta plata.
El cuento también tiene esto. Al menos mi forma de trabajar en el cuento es, bueno, me pongo a escribirlo y no se extiende en el tiempo mucho más que dos semanas, tres semanas, un mes. y hay algo ahí que tiene que ver con iniciar un proceso y terminarlo, que me resulta muy estimulante y que capaz que sostenerlo en la novela es un poco más frustrante, sobre todo cuando no hay tiempo. Eso a nivel material.
Y después, el cuento me parece un género fantástico. Leo mucho cuento, entonces creo que también ahí hay un vínculo. De repente hago esto porque es lo que más entiendo, es el lenguaje que más me gusta. No todos los cuentos que escribo son especialmente breves, pero sí hay algo de ese mundo que se abre y que en algún punto se cierra, no para darle un cierre a esas historias, sino que me los imagino siempre como una ventana, como abrir una ventana. Me encanta hacerlo, lo disfruto mucho.
-Conocí tu escritura por los cuentos compilados en Larvas. Sobre ellos leí y oí descripciones asociadas al género fantástico, al terror. Pasado un tiempo desde que publicaste, me gustaría que tú misma puedas describir cómo definirías tu registro de escritura, o si inicialmente llegaste a una concepto y con la recepción del público fue cambiando. ¿Cómo lo describirías?
Creo que es una respuesta que va cambiando con el tiempo. No sé, no es que me sienta particularmente incómoda con esto que traías, que no lo traes solo vos, que es esto de bueno, que son fantásticos, de terror.
Es cierto que en los cuentos hay elementos fantásticos, pero también hay por momentos elementos de un realismo muy duro. Y sí, hay elementos de horror, pero hay elementos también que contrastan mucho con ese horror. Entonces, a mí me cuesta a veces ponerlo en en una categoría así, temática, pero me divierto mucho.
Alguien me habló hace poco de horror folk. No sabía lo que era, pero me pareció que podía ser interesante mirarlo por ahí. Creo que me divierte más lo que la gente dice que lo que yo creo que son.
-Y puede que para algunas personas sea horror algo que es más cotidiano para ciertas realidades, ¿no?
Sí. Cuando estuve en España, la editorial me llevó a varios clubes de lectura y era muy gracioso porque el cuento Jauría de Larvas fue el más polémico. Había gente muy dividida entre que era el peor cuento del libro por el nivel de violencia y no sé qué, que era como un cuento de horror que no se podía creer lo que pasaba; y otra gente decía que era el cuento más tierno del libro.
Creo que los cuentos que hay acá tienen esa convivencia. Me cuesta pensar en un libro y decir “es esto”. En ese y en mis otros libros, hay elementos que se mezclan, entonces empiezan a ser un híbrido raro.
-Estuviste en España por la Residencia Literaria Finestres y por Larvas. ¿Cómo se dio esa esa llegada?
Fue muy loco porque todo se coordinó muy mágicamente. Yo había enviado mi propuesta a la residencia el año anterior, que era cuando más o menos estábamos planeando la salida de Larvas. O sea, el libro ya existía, y cuando me aceptaron en la residencia hicimos todo. Eso fue lindo. Fue más bien coordinar que la residencia estuviese cerca de las fechas de la gira, porque la gira estaba marcada por la Feria del Libro de Madrid.
Nunca había estado por allá y me encantó. Tampoco había hecho una gira de prensa como tal. Había hecho prensa, así, con eventos aislados después de la salida de un libro, pero no esto que fue intensivo total.
-Y me imagino que fue bien demandante, porque España es un mercado grande. Sobre eso, ¿cómo dirías que fue la recepción, particularmente para ti desde la literatura de Uruguay?
Fue bien interesante porque acá en Uruguay, cuando estoy en una entrevista, son muchas las referencias cruzadas que se pueden hacer de mi obra y la obra de otras personas y allá, conversando esto en presentaciones, en clubes de lectura, con periodistas, la referencia era recontra oblicua con Onetti, que escribe algo completamente distinto a lo que yo escribo. Tenemos frases largas los dos, ponele, y personajes tristes a veces, pero el vínculo es raro. Y pasaba eso que igual estaba bien porque me daba un pantallazo de lo que llega. También, la cantidad de obras de autores españoles que leemos en Latinoamérica en nuestra formación primaria en la escuela y en la secundaria. Y claro, ellos no leen literatura chilena o uruguaya, yo que sé, o sí, pero son dos nombres.
Eso fue lindo porque también apareció el momento de recomendar voces de Uruguay, que están haciendo cosas buenísimas.
-A propósito de esto de las recomendaciones, creo que esta conversación es una pequeña ventanita a Uruguay. Allá, ¿cómo está la escena?, ¿qué recomendaciones nos darías?
Pensando en estos últimos dos o tres años, ha habido editoriales con cosas muy interesantes y la aparición de nuevas voces, porque a veces hay autores del catálogo que tienen algo nuevo y publican y publican y publican, pero son nombres que ya existen.
En estos últimos años algunas editoriales independientes destacadas son Pez en el hielo, que tiene un catálogo interesantísimo, sobre todo de narrativa; Criatura editora, Fin de siglo, no sé, hay muchas editoriales haciendo cosas que están buenísimas y entre esas, una autora que ya está en Chile que es Gabriela Escobar, que tiene una novela maravillosa que se llama Si las cosas fuesen como son, que la publicó Overol y acá en Uruguay la publicó Criatura Editora. Es una novela buenísima.
Me interesa mucho lo que está haciendo Alejandra Gregorio, que es una dramaturga que también escribe poesía. Están también Eugenia Ladra, Emanuel Bremermann, Carolina Bello, Ramiro Sanchiz, haciendo cosas que me interesan de formas distintas, porque están haciendo cosas muy distintas entre sí, pero son todas cosas muy poderosas.
-¿En qué estás ahora?, ¿cuáles son tus preocupaciones escriturales actuales?
Estoy en esto de una narrativa de largo aliento. Creo que hay una preocupación que atraviesa mi obra, que es nuestra forma de estar en el mundo, de vincularnos con eso que está en el mundo, que creo que es lo más importante y que lleva una pregunta: ¿qué hacemos con lo que hay, con lo que somos?
Aparece también en Larvas esto sobre los límites con el fantástico. En qué momento un texto empieza a ser una narrativa de lo no real o no realista, que es algo que creo que también me interesa. Y después la forma. Temporada de ballenas, por ejemplo, es una novela fragmentaria, y hay algo de esa fragmentación que me interesa: pensar en la puesta en página también me parece estimulante.
-Das talleres ahora. ¿Desde qué lugar te planteas esa labor?, ¿cómo lo haces?
Fui a muchos talleres, entonces algo en lo que pensé antes de dar uno, que además fue accidental porque una librería me invitó y dije bueno. Ahí me puse a pensarlo y salió bien, entonces a partir de ese primer taller y otro taller al que me invitó una amiga, empecé a pensar qué me gustaría a mí encontrarme en un taller, como el taller soñado para mí: qué cosas me funcionan, porque me encontraba con muchas formas de enseñar, con cosas que no me funcionaban directamente, o que tenían poco que ver con lo que a mí me interesaba en relación a la escritura.
Creo que eso es algo que se va afinando, sobre todo en los últimos años. Seguramente los talleres eran muy distintos a los que doy ahora, que también los pienso como un tiempo semanal para abrir la posibilidad de la escritura y llevar estímulos que no necesariamente tengan que ver con escribir un texto que sea de tal y cual tema o forma, sino que estimular lo que hay y ver qué camino sigue, algo un poco más abierto, pero que también es algo que va cambiando y voy probando. Bueno, lo que funciona más, dependiendo del grupo también.




