EL VAIVÉN DE LAS OLAS, EL VAIVÉN DEL POEMA.

Lectura de “Hay un mar en mí”, de Margarita Bustos Castillo.
“Me duele mi memoria de mar”. “El mar no tiene orillas… solo tiene entrega”. “Me gusta el mar porque no tiene dueño”. Tres poetas: Alejandra Pizarnik, Hugo Mujica y Malú Urriola acompañan a la autora al inicio de esta aventura.
Hay un mar en mí, dice Margarita Bustos C. internándose en la profundidad de sus aguas. Para ello tomará prestado diversos cuerpos, miradas, respiros, siendo el primero el del pez que boquea en la orilla buscando oxígeno donde no lo hay para él ni sus branquias, mientras alguien, sin que él sepa, lo escribe y lo nombra símbolo de todo aquello que emerge, y muere al final por haber visto.
Como el océano ¿seremos también nosotras el útero del mundo?
En su agua interior, la autora mira el vaivén de las olas que emergen y se hunden en extrañamiento y melancolía junto a la espuma que va y viene. La inmensidad azul habla de la voz que habita antes de las palabras, voz del silencio que invita a crearlas. Crear desde el silencio parece ser la apuesta de la autora, y en este empeño desliza sus obsesiones sin apartarse del lenguaje del mar.
Pero el mar puede ser también olvido, borrando lo que dejamos de nombrar. El tiempo y el silencio en este océano, juegan frente a la estrechez de un lenguaje en que no todo lo que se piensa o se intuye cabe, a veces hay que beber de un mar enmarañado, buscar nombres, buscar piezas, buscar culpas.
“las ballenas cantan / por las profundidades / desde donde la luz hace tiempo que se rindió / y ese canto no pide nada/ no explica nada / la vibración solo tiembla/, en el hueso de quien escucha / como tiemblan las cosas que nunca pronunciamos” … “El océano hace lo mismo / guarda lo que antes nadie pudo decir/ y lo convierte en profundidad.”
Profundidad en la mirada a las cosas, a las ideas, mirada a la “soledad” como algo ontológico y no situacional, dice la autora en el poema Las manos de las mujeres también son un mar, dedicado a la cineasta Isabel Coixet.
El Mar que aborda Margarita, el que existe en ella, abarca otros muchos mares: “El mar de la desesperanza”, de Emil Cioran, porque
“la esperanza es el peor embuste” … “solo el dolor rasga el velo/ solo el que sufre despierta / La belleza no redime/aunque testimonia / y entrega razones para / continuar escuchando / el canto del (a) mar”.
En el canto del mar como también en el a-mar, hay razones para seguir. El poema-homenaje a Violeta Parra nos recuerda la luz que hay en su oscuridad, cuando la cantora a la vez que maldice y desteje lo creado, vive en sus manos que tocan, pintan, hilan, tejen y, mientras canta, esas manos se vuelven un mar… de dudas y certezas.
Al entrar en su mar, el oleaje trae a Margarita Bustos otro ser de agua, esta vez de río y mar: Alfonso Alcalde, poeta y narrador brillante, de pensamiento profundo y frases que escarban la naturaleza humana, hasta llegar a encontrar “el corazón del hombre”, pero en su trizadura, en su levedad y en lenguaje de mar es el barco y a la vez el astillero,
“reparando el casco en la herida/ viendo pasar la propia vida / como un testigo silencioso”.
Kim Ki-duk, es el silencio…
“hay habitaciones vacías/ donde alguien estuvo/ gestos que empiezan y no terminan/ silencios condenatorios
Otros silencios hay en este libro, la poeta los descubre en la lengua de las mujeres.
Durante los 80´ las escritoras nos preguntábamos si había alguna especificidad en la escritura de mujeres. Como era una pregunta y no una certeza, pensamos, leímos y nos leímos, debatimos durante la preparación del Congreso Internacional de Literatura femenina, celebrado en 1987. La escritura desde un cuerpo de mujer, sí tiene diferencias y pensamos que, plasmándola en obra, podría significar una amplitud del lenguaje, un plus, desde esa diferencia.
Pero lo creado se aparta de nosotras al terminar el libro. Cede ante interpretaciones y análisis canónicos que ya no nos pertenecen. La osadía de las mujeres al abrirnos a esa búsqueda, fue el intento de liberar un lenguaje propio, que quizás estaba oculto…
Y en esa búsqueda estábamos cuando encontramos a Rimbaud en una de las cartas del Vidente:
“La poesía dejará de poner ritmo a la acción; -dice Rimbaud- irá por delante de ella. ¡Existirán tales poetas! Cuando se rompa la infinita servidumbre de la mujer, cuando viva por ella y para ella, cuando el hombre -hasta ahora abominable- le haya dado la remisión, ¡también ella será poeta! ¡La mujer hará sus hallazgos en lo desconocido! ¿Serán sus mundos de ideas distintos de los nuestros? – Descubrirán cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; nosotros las recogeremos, las comprenderemos.”
Ahí estaba el pensamiento de un Vidente sobre lo que sería, o podría ser la poesía de las mujeres, pero nuestras cosas “extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas…” ¿Fueron recogidas? ¿Comprendidas por ese “nosotros” varones? En el contexto que vivíamos en Chile: NO, no fueron recogidas ni comprendidas por los “Vates”, menos aún por la Academia. Más tarde y poco a poco, se fue abriendo la recepción a esta escritura extraña, escandalosa. La atención la tuvimos de las y los poetas jóvenes en los años 90 y 2000, y ahí comenzó el diálogo, el estudio, la participación en lecturas o recitales a los que anteriormente las poetas no eran invitadas. Pero, sobre todo, surgieron recitales solo de mujeres, a los que se sumaron más y más nombres, estilos, edades.
Retrocediendo en la búsqueda de un lenguaje particular de mujeres, en este caso entre mujeres, Soledad Bianchi nos cuenta en su libro “Entre puntos de lectura” que “…entre omisiones y rescates, se ha llegado a saber hasta de un idioma secreto, usado solo por mujeres, tal vez desde el siglo III, en China. Como a ellas se les prohibía escribir y leer el idioma oficial de los hombres, que era logográfico, comenzaron a bordar en abanicos, ropas y pañuelos, en columnas de arriba abajo y de izquierda a derecha, con signos que semejaban adornos y que transmitían de madres a hijas, entre cuñadas y parientes.”
Ese ingenioso idioma de las mujeres chinas del siglo III, por supuesto no llegó hasta nosotras. Pero existen y existieron otros.
Leo a Margarita y me aproximo a sus misteriosas precursoras:
Con la luna en la boca, las nuevas hermanas: Enheduanna, antiquísima poeta de Ur; Diotima en Grecia, Xochiquétzal, Ixquic, Mama Quilla, Mama Cocha, Porãsy y Kuyen, diosas de la belleza, la fertilidad, el amor, el placer, de las flores, sacerdotisas y poetas representantes de la diosa Luna. A ella se acude para una nueva lengua, la que hablan y han hablado las mujeres a través de siglos y continentes, la que hablan cuando nadie las escucha para corregirla, como dice Hélène Cixous, en este texto.
Y hay más en este texto, un poema visual, formando una C y una O, un homenaje a Carmen Ollé.
El tiempo es un fantasma, susurra Carmen Ollé al oído de Margarita – aquí habitamos las insurrectas – contesta Margarita – texto y contexto costurando el deseo – ojo y cuerpo – ojo y cuerpo – ellos miran -NOS – OTRAS – Plath, Ocampo y el temblor de los labios- ruptura con el tacto y los ardores – ruptura con el tacto y el deseo – escritura palabra, palabra – Plath- Lispector – Woolf –Ollé C.- cada hebra – placer fisurando la Historia – Ojo del padre – otra penetración – columna fusión Batailliana corazón Cuerpo Refugio Escritura Insurrecta – signo bajo y entre – La piel nocturnando el Deseo.
Y todavía más: la voz tronadora de Stella, sus palabras, su memoria, la lucidez de Alejandra, sus preguntas. La guerra contra las mujeres en Kabul, velos, burkas y mordazas. Guerra una vez más contra los cuerpos.
Finalmente, Hélène Cixous y el regreso al origen -a la madre- en su Cuerpo a cuerpo con la madre,
Margarita dialoga con Cixous
“dos extremos se unen/ para custodiar el vuelo de una idea/ en la sílaba que nudo a nudo/ sostiene la ausencia (…) La vida secreta de las palabras / sostiene los fragmentos / donde voces que despiertan la sangre/ nos regresan/ Los sonidos sondearon los temblores sobre el poema/ la escucha de lo que ocurre mar adentro/ y en el cuerpo a cuerpo con la madre/ donde voces que despiertan la sangre/ nos regresan.”
Coro de mujeres que crean, citan, repiten a mujeres en este inquieto mar de palabras, deseos, cuerpos que se buscan y se escriben en el vaivén intenso y profundo del mar de Margarita.
Santiago, 27 mayo de 2026

Título de la obra: Hay un mar en mí
Margarita Bustos Castillo
Género: Poesía 60 páginas
Orbytal editores, 2026.




