Delia Díaz Carstens, DJ: “Para las disidencias, la fiesta es un espacio donde podemos comernos y expresar nuestro amor con libertad”

La DJ y productora musical ha sido una de las pocas chilenas en realizar una gira por Europa con sus sets y es residente de fiesta DAME, el evento musical LGBTIQ+ más grande del país y con ya siete años de historia. Además, acaba de lanzar su último single, Kástìgô, en alusión al gobierno actual, y su segundo EP, con el nombre de Mentirosa. En esta larga conversación, nos adelanta su próxima colaboración con Javiera Electra y reflexiona sobre las influencias musicales de su familia, su autodefinición como mujer trans punk, su recorrido por la escena underground y el valor político del arte.
Delia Díaz Carstens (31) se describe a sí misma como una vampira. Ha habitado la noche al ritmo de la música tecno en muchas ciudades de Chile y de otros rincones de América Latina y de Europa. Ese peso de la noche casi eterna lo carga sobre el cuerpo, pero también lo expresa en su gigante chaqueta oscura, en su pálido maquillaje, sus largas botas negras y sus calzas color rojo sangre en una fría noche santiaguina. Es una DJ y productora musical con diez años de historia en la escena y es creadora de un sonido que hoy es el más atractivo en la noche santiaguina: el tecno. Aunque nos aclara: “A mí me gusta el tecno con K, porque el tecno con C es hetero. El tecno con K es revolucionario”.
Nacida en Pudahuel, con un papá autodidacta de la música folclórica y adherente del comunismo que migró desde el campo hasta Santiago y una mamá con ascendencia alemana que siempre tuvo que trabajar, fanática de la música disco y que perdió contacto con parte de su familia: “pero no es gente aristócrata, son alemanes pobres. Y ellos llegaron a Pudahuel […] Siempre de Pudahuel, escasos recursos a full”. Nos dice también que creció en una familia muy politizada y cuenta lo matea que fue al formarse viendo documentales sobre música electrónica en Alemania, Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos. Y su sorpresa y decepción cuando descubrió que en Chile no había ningún registro de la historia de un género musical tan popular: “me encontré con un vacío muy grande”.
Ante esa falta de registro historiográfico, Delia comenzó a construir una historia nacional del género a partir del relato oral. “Me di cuenta de que hubo un personaje, que se llama José Vicente Asuar, que hizo el primer computador musical electrónico, la primera máquina, en los años setenta. Me vine a dar cuenta que la dictadura militar se encargó de borrar toda esa historia”. Con este material, escribió un capítulo de su tesis para titularse como arquitecta –Espacios para la contracultura electrónica– y comenzó a impartir talleres de historia de la música electrónica en el 2020. En esta larga conversación, habla sobre sus proyectos musicales recientes, nos adelanta su próxima colaboración con Javiera Electra y reflexiona sobre las influencias musicales de su familia, su autodefinición como mujer trans punk, su recorrido por la escena underground y el valor político del arte.

Una familia entre el disco, el folclor y el tecno
¿Con qué tipo de música creciste en tu casa?
Bueno, mi papá es súper folclorista. Entonces él siempre estuvo en colectivos de cueca. Siempre lo vi a él tocar la guitarra, tocar armónica. Y todo eso sin estudiar. Y mi mamá es más moderna. A mi mamá le gusta Donna Summer, la música disco, Michael Jackson, KC & the Sunshine Band. Toda la onda de los setenta, ochenta. Música negra completamente.
O sea, una fusión entre el disco y el folclor.
Claro. Y mi mamá me da esta modernidad. Porque la familia Carstens son todos carreteros, dueños de la noche. Y todos se visten con chaquetas largas. Son como alemanoides. Entonces, chaqueta de cuero, bota vaquera. Son así, punk. Toman, se hacen mierda, pelean. Hay un problema de violencia heavy. Y ellos son dueños de la noche. Por eso a mí me gusta mucho la noche.
Lo vampiresco es un poco sanguíneo, entonces.
Lo vampiresco es lo alemán. Y mi papá me aporta el tema de la conciencia social, ¿cachai? Ser allendista. Ser roja. Ser revolucionaria. Eso es por mi papá. De alguna forma, la fusión es folclor y música disco. Y otro factor importante es que yo tengo unas primas de la parte de Carstens. Alemanoides. Mis primas, que ellas eran súper modernas. Y súper alemanoides. Ellas escuchaban Ricardo Villalobos, iban a Berghain cuando era como el 2008. Yo conocí Sven Vath, Berghain y Tresor desde muy chica por ellas. Y ellas eran chicas tecno en la época de la DJ Katia, de la generación de los noventa, Colectivo Euphoria. Todo eso que pasaba en Chile. Jorge González cuando hacía electrónica, Gustavo Cerati con Plan B.
Tus sets se caracterizan por una energía dura y acelerada. Y si tuviera que definirlo, por beats agresivos, pero también hipnóticos. ¿Cómo definirías tu estilo musical? O los géneros musicales con los que te gusta llenar esa pista de baile.
Hablando de géneros musicales, a mí me gusta el tecno con K, porque el tecno con C es hetero. El tecno con K es revolucionario. Entonces, yo pongo tecno con K. Y el tecno con K suele ser más underground, digamos, sin drop. No es como la hueá actual de festival, sino que es algo más que tiene que ver con el nicho y con la escena real underground del tecno. También me gusta poner EBM, que es Electronic Body Music, que es un movimiento que se generó en Bélgica en los años noventa, super punk. Eso era antes. Ahora estoy poniendo más hardcore, hard tecno, pero más under y de los noventa. Gabber, en verdad.

En tu larga carrera como DJ existe registro en tu Instagram personal sobre cómo comenzaste en pistas de baile y circuitos alternativos que ya no existen. Lo pude comprobar revisando tu Instagram. ¿Qué obstáculos enfrentaste al impulsar tu música en circuitos underground?
Sí, ya no existe ninguno…. Yo siempre fui under, entonces la verdad es que tantas dificultades no tuve, más que al principio no te la creían. Aparte, yo llegué a una escena underground que era muy, muy estricta. Eran los mejores. Y éramos poquitos. Me acuerdo yo, en ese tiempo, del Matías Rivera, el Daniel Klauser, los Der Nautilus, la Andrea Paz, el Alejandro Paz, la Mamacita, la Kata Schwarz, que eran los mejores. Son los mejores. Que ellos te aceptaran, eso era difícil. Entonces, lo que yo hice, porque tampoco tengo mucha ansiedad social, es que empecé a hacer fiestas.
¿Pero tú crees que el principal obstáculo era el reconocimiento de otros DJs?
Es que igual existe una logia, por así decirlo, que yo le llamo los masones. Son los músicos más bacanes. Y se nota y se sabe, ¿cachai? Entonces, ese era un nicho pequeñito. Ahora da lo mismo, porque podis tener trabajo en festivales sin nunca conocer a este grupo de gente. Era la escuela antigua de Santiago, que para mí es la verdadera. Y yo estoy muy orgullosa de haber presenciado esa escena. Que existe ahora, pero en otro formato. Por ejemplo, la fiesta Dame es eso.
¿Cómo le llamarías a esa escena?
La verdadera escena. Es como Underground Resistance de Chicago, de Estados Unidos. Son los colectivos reales fundacionales.
¿Cómo crees tú que van a ser las cosas en la escena para esos DJs que vengan en el futuro? La nueva camada de DJs.
Les va a tocar entretenido porque van a tener mucha pega. Va a haber un camino mucho más hecho, una masividad. Les va a ir bien. Chile es icónico. Siempre ha sido icónico. No es algo de ahora, Chile siempre ha sido un país de la electrónica. O sea, el primer colectivo de música electrónica es del 57. Antes del golpe militar ya había electrónica.

Una identidad de género inspirada por monstruas punk
En una entrevista con Revista Abismo, del 2025, dijiste que te autodefines como una mujer trans punk.
Sí.
¿Me podrías explicar cómo defines tú lo trans punk? Y, ¿por qué esa es la identidad que más te acomoda?
Siempre me sentí mujer en mi cabecita. Siempre yo vi una mujer. Pero yo no era como las trans así, digamos, que sueñan con tener tetas, vagina. Me cago en todo eso, me da lo mismo. Yo siempre me sentí una revolucionaria. Yo no sigo reglas. Si dicen que las mujeres se tienen que ver así y asá: yo me siento trans y mujer. No es necesario parecer mujer. O sea, si yo hubiese sido mujer probablemente hubiese sido una metalera que no se depila.
A lo que voy es que siempre me sentí mujer, pero no ese tipo de mujer. Entonces, siempre me sentí excluida. Porque yo decía: pucha, yo me siento trans, pero en verdad no soy tan femenina. Igual parezco hombre, igual tengo barba. Ni siquiera me había hormonado en ese tiempo. Decía: quizás no soy tan trans nomás. Y soy no binaria. Y durante mucho tiempo me consideraba una trans no binaria. Que es como que transitai, pero tampoco te vai al género opuesto, sino que transitai ahí, en un no binarismo. Pero después entendí. Tuve a mis amigas trans, las primeras amigas trans que realmente eran mis amigas, que eran como yo: oscuras y punky.
Su propia manera de ser mujer.
Sí. Y punk. Porque la feminización también tiene que ver con que las cabras trabajan. Y trabajan muchas, casi todas. Yo diría que casi el 90% trabaja de prostituta. Entonces, si yo fuera prostituta quizás también me pondría tetas y vagina. Porque es mi herramienta de trabajo, ¿cachai? Pero yo soy más oscura y puedo mantener esa identidad y poder tener pega igual. Yo me considero una punky, con todo el linaje ese de Valparaíso que tiene que ver con la Hija de Perra. Con esas trans yo me identifico. Con la Hija de Perra, con las Indetectables, con la Divina Tota. ¿No viste que son más monstruas?
Y desafían aún más la norma.
Claro. O sea, la que quiera tener tetas, ser rubia y ser una muñeca, para mí, está súper bien. El problema es que muchas niñas cis tienen que adoptar roles de género que no les gustan. Y tienen que cambiar por gustar a los hombres. Y eso es algo a lo que yo también me he enfrentado. Porque claro, siendo monstruito, teniendo pelo en la axila o en las piernas, la verdad es que los hombres no te pescan. Yo la verdad es que igual sentí la necesidad de feminizarme más para poder pololear. Es el esfuerzo de pololear. Solo que yo me rehusaba, porque yo no quería, quería que me quisieran tal cual. Pero la verdad es que es bien difícil que te quieran tal cual.
En estos talleres de historia de la música electrónica comentas que tu nombre se inspira en Delia Derbyshire, una matemática inglesa que fue muy pionera en la ingeniería del sonido y en el tecno. En ese sentido, ¿cómo las mujeres –y las mujeres trans en específico– han participado de esa historia de la música electrónica?
Todas tienen su historia de lucha. Delia Derbyshire quería trabajar en un sello y nunca la dejaron. Son pocas las mujeres que son realmente pioneras. Y muchas de estas mujeres nunca vieron el éxito en vida. Aquí en Chile, por ejemplo, el colectivo de 1957 eran puros hombres. No hay ninguna mujer, ninguna. Y mucho tiempo fue así. En el año noventa, en las raves habían puros hombres. Yo creo que mi generación es la que ha cambiado un poco eso.
Tenemos el ejemplo de Wendy Carlos: es una. Mujeres, hay cien mil. Hombres, hay millones. Entonces, no es una batalla ganada. Yo creo que soy la única mujer trans que realmente vive de la música. Todas mis amigas se prostituyen. Tengo millones de amigas músicas que no pueden serlo. Y si te fijai, no hay gente trans trabajando. Siempre van a creer que somos degenerados, que somos drogadictas, putas. Y yo digo, bueno, quizás cuando nos integran a la sociedad y nos den trabajo como a cualquier otra persona, quizá ahí dejen de ejercer la prostitución, quizá ahí dejemos de consumir para poder vivir esta realidad. Porque realmente, la realidad nos choca harto. Entonces, claro que somos lo peor para la gente, gente ignorante obviamente, porque nos han segregado socialmente. O sea, el día que una trans pueda soñar con ser matemática, con ser ingeniera, con ser profesora, quizás ahí las cosas van a ser distintas, pero mientras la sociedad no nos incluya, vamos a seguir siendo marginales.
En ese sentido, igual te sientes afortunada, ¿no? Por haber logrado y estar logrando subsistir a partir de la música.
Súper, sumamente. Igual sería puta, pero por gusto propio, no por necesidad. Me gusta eso, darle placer al otro.
Unas canciones críticas hacia la indiferencia antipolítica y los gobiernos de derechas
Ahora quiero que hablemos de tus proyectos musicales más actuales. A principios de junio de este año lanzaste tu segundo EP, Mentirosa. Está recién salido del horno. ¿Por qué el nombre Mentirosa?
Mentirosa por hartas cosas. Cuando fui a Argentina, me compré un libro de John Waters. Y su protagonista es una antihéroe, una estafadora, una hueona que tiene esclavos sexuales. Yo necesitaba un nombre para el disco, no sabía qué poner. Estaba leyendo ese libro y de repente veo la tapa y decía “mentirosa”. Y ahí dije: Mentirosa. Y bueno, yo siempre me sentí mentirosa, porque yo tuve que fingir una identidad de género hasta como los 24 años, que no correspondía. Me acostumbré a ser una experta mentirosa para mi mamá, para mis tíos, para mi familia. Cuando empecé a pololear con hombres, por ejemplo, yo mentía. Siempre tuve una vida paralela. Mis papás nunca supieron realmente cuáles eran mis dolores, cuando yo me enamoraba, cuando tenía desamores, cuando sufría. Nunca siquiera se dieron cuenta. Nunca pude decir las cosas tal cual.
Aparte, que hay un tema conceptual que tiene que ver con la aceptación social. Nadie quiere ser mentiroso. Pero todos mentimos, punto número uno. Y la mentira también puede ser un arma de defensa, ¿cachai? Yo muchas veces he mentido para poder salvarme de hombres. Por ejemplo, de repente voy en Uber y me empiezan a preguntar. Me dicen: “¿Sola?”. Y empiezan a preguntar. Y yo así: “No, no, me está esperando mi pololo en la casa”. Y la hueá es mentira.
También lanzaste un single en marzo de este año, llamado Kástìgô. Ahí hay letras con una fuerte carga política a propósito de la coincidencia de gobiernos de ultraderecha en América Latina. ¿Qué buscas transmitir al público con estas letras políticamente cargadas?
Yo, si voy a tener una voz y voy a tener un espacio, voy a luchar a favor y delatar las injusticias sociales. Por ejemplo: yo admiro mucho a los reguetoneros, me gustan todos, pero con esa voz y esa cobertura que tienen, yo hablaría un poquito más de política. O hablaría de algo un poco más importante que romperle el culo a una niña, ¿me entendís? Creo que, si yo voy a tener voz y voy a tener influencia, lo voy a hacer para cosas importantes y cosas que valgan la pena. Por eso siempre mis canciones tienen una carga política. Porque, claro, es rico cantarle al sexo, si a mí igual me gusta. Y que sean letras a la droga y a pasarlo bien. Pero no basar tu carrera en eso. Por ser Díaz, ser de mi familia folclórica, a mí me obliga a cumplir un rol que tiene que ver con la política.
Ahora quiero que hablemos un poco de lo que ha estado pasando en el país. Hace unos meses hubo un escándalo cuando la Contraloría pidió los datos de todas las personas trans atendidas por programas de salud. ¿Crees que actualmente hay una incomodidad cultural con lo trans o que existe una persecución política a lo trans?
Lógico, siempre ha sido así. De hecho, por eso a mí me da rabia cuando la gente dice que, cuando había que votar por Jara o Kast: ah, da lo mismo, todos son la misma mierda. Tenía amigos míos que no fueron a votar, y hueón, no da lo mismo quién gobierne. Esa desilusión con lo político y esa desilusión de tu poder de voto tiene que ver con una táctica que también es de derecha y que te quiere hacer entender que no tienes voz. Si no tuviéramos derecho a voto, pucha que nos gustaría votar, ¿cachai? Entonces, como tenemos derecho, lo ninguneamos. Y no da lo mismo quién gobierne.
Cuando estaba Boric había una iniciativa de enseñar lo que es la identidad de género en los colegios, cosa con la que la gente se indignó. Este programa lo único que buscaba era generar conocimiento de que la gente trans y las diversidades sexual existen, que es algo básico de un gobierno. Por eso a mí me gustan los gobiernos de izquierda, porque apoyan este tipo de iniciativas. En cambio, sale Kast y eso lo destruyen al tiro. Entonces, no da lo mismo quién gobierne, menos para nosotras.

A propósito de tu residencia en Fiesta Dame, ¿qué te pareció a ti la reacción del año pasado de muchos asistentes y seguidores de la fiesta cuando se emitió un comunicado en Instagram en rechazo a la candidatura de José Antonio Kast y en apoyo a Jeannette Jara? Muchos comentarios en redes sociales sostenían que no correspondía que la fiesta se posicionara a favor de una candidatura u otra.
El arte tiene que ser político y las fiestas tienen una obligación. Así como la gente exigió que los artistas urbanos dieran su voto. Porque es importante. O sea, una fiesta se tiene que posicionar, un artista se tiene que posicionar. ¿Por qué? Porque si no, es tibio, no es crítico. Y si no es crítico, no es arte, es solo entretenimiento barato, para mí.
Quizás para los heteros la fiesta es simplemente una entretención para ir a curarse. Para la gente de la disidencia, la fiesta es un espacio donde podemos ser libres, donde podemos comernos y expresar nuestro amor con libertad. Si fuera por los heteros, que la fiesta no sea política. Total, ellos no son los que sufren lo que sufrimos nosotres. Para nosotres, la fiesta la tomamos en serio.
Mirando hacia adelante, ¿qué proyectos o colaboraciones te entusiasman más y cómo imaginas tu evolución como DJ y productora en los próximos años?
A mí me gustaría seguir trabajando con el Johnny en lo que va a ser mi próximo EP, Ladrona, y hacerle un enfoque más EBM, más vampírico. La próxima colaboración, que se me ocurrió ayer y ya me dieron el sí, es con Javiera Electra. La Javiera Electra es una brutal. Esto es recién, lo acabamos de hablar ayer. La Javiera Electra ha tocado con Javiera Mena, ha cantado en el Festival de Viña, ella salió nombrada en la revista Rolling Stone. O sea, una mujer trans de nivel. Y yo quiero trabajar con las mejores. Y ojalá tocar menos y cobrar más. Porque la verdad que tocar tanto ya me tiene podrida si ya tengo 32 y llevo 10 años tocando. Así que, que me paguen más. Ya soy una señora mayor. Y hasta las 5 de la mañana, máximo. Porque de repente me ponen: Delia de 8 a 10. Y yo casi me quiero morir.
Eso va para los productores.
Sí. Respeto a una mujer mayor (risas).





