Cada hebra es indiferente. «Ejercicios de enlaces» de Emilio Fuentes Traverso

agosto 09, 2026
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Esta reseña sobre Ejercicios de enlaces, de Emilio Fuentes Traverso, indaga en las relaciones posibles entre materiales, interrogando la condición de lo que vincula o sostiene. La muestra puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo de Quinta Normal hasta el 23 de agosto (entrada liberada).

En 1809, Goethe publicó sus Afinidades electivas. La trama es simple: algunas sustancias químicas abandonan combinaciones previas y reorganizan sus enlaces cuando se encuentran con otras, más atractivas. Como una metáfora de las relaciones humanas, esta manera de comprender los vínculos no basta, porque su determinismo colisiona con una libertad definida por la responsabilidad ética con el otro. La contradicción entre fuerza natural y mundo moral desencadena la tragedia y condena a los personajes a ser infelices.

En «Ejercicios de enlaces» de Emilio Fuentes Traverso, por el contrario, la felicidad no importa. Los enlaces se orientan más bien al establecimiento de un sistema de equilibrio. La exposición, dispuesta en dos salas distintas del Museo de Arte Contemporáneo, agrupa una serie de piezas cuidadosa y metódicamente construidas a partir de formaciones rocosas unidas por hilos de coser. La fuerza relativa del equilibrio se encarna justo aquí, en la fragilidad de cada hebra, que sola no podría con la responsabilidad de la pieza, pero sumada al resto consigue asentar su composición.

Las unidades se disponen en el espacio de manera dispar. Algunas penden en el aire y dramatizan la inevitable rotura de los vínculos entre las rocas. Otras cuelgan tradicionalmente de las paredes como cuadros y una que otra se sitúa quieta, sobre una superficie o pedestal, que no logra hacer más ligera la relación entre las junturas. Los hilos adosados por el yeso se encarnan en la piedra, se encabritan y se vuelven indistinguibles del granito. Aunque los materiales de «Ejercicios de enlaces» pesan todo lo que pueden —esto hay que hacerlo notar—, la estructura que ofrecen los oculta y solo resta su perfil a la vista.

En la ejecución de su papel, cada hebra es indiferente, y el equilibrio del sistema que construye es también insensible a su voluntad individual. No conoce más alegría que el sostén de la piedra y no puede desprenderse ni concertar un vínculo nuevo sin destruir el equilibro completo, su realidad. En la condena de su perfección, debe permanecer impertérrita y libre de acción, inconmovible. Y si bien el peso de la piedra amenaza con destruirla lentamente, persiste sorda a la gravedad.

A fin de cuentas, cuando la composición se rompa y con ella su vida, no habrá tenido que lidiar con un mundo como el nuestro. Habrá sufrido con el esfuerzo y la tensión de la piedra, con su falta de amor, es cierto. Pero al menos no habrá conocido la crueldad.

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