Reversiones, remixes y electropop: una conversación con Gluebriel

agosto 23, 2026
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El periodismo musical chileno ha mostrado un interés creciente por perfilar eso que ha denominado “nueva escena”, un término que tiene más la fuerza de la repetición que la consistencia analítica de la crítica cultural. En ese trajín, como siempre, quedan fuera otras experiencias de un campo musical que es mucho más heterogéneo que la mera contraposición de música urbana e indie rock (léase, glosar lo que separa a los fans de Cris MJ y Candelabro). Para escudriñar un poco más allá de esas controversias y, también, indagar en el prolífico ámbito del electropop, conversé con Gluebriel, nombre artístico que Gabriel Carmona.

Me explica que el origen de ese nombre está en una canción de Christina Rosenvinge (“A mi gusto, la mejor letrista del mundo, sin exagerar”). Durante un momento temprano de su quehacer musical sentía que las maquetas en las que trabajaba estaban “muy pegadas” y que, al mismo tiempo, escuchaba obsesivamente “Glue”, aparecida por primera vez en Frozen Pool (2001). Tanto esa pista –del período neoyorkino de Christina Rosenvinge– como muchas de las canciones de Gluebriel han conocido iteraciones y variantes que constituyen un núcleo de su reflexión musical. “Encontraba que Gabriel Carmona era muy fome y muy serio para la música que hacía. Si tocara música clásica en piano se justifica que me llame Gabriel Carmona, pero como no hago eso, la mezcla de Glue+Gabriel me pareció mucho más asertiva”.

—Quisiera partir esta entrevista de atrás para adelante y preguntarte por las últimas cosas en las que has estado trabajando más recientemente para, desde ahí, indagar en el universo musical que has construido a lo largo de los años. En ese sentido, ¿cómo ha sido el proceso de armar los últimos singles que has sacado después de lanzar tu primer disco (Bluebriel)?

Entonces, las agarré y dije, bueno, si antes no las pude hacer con ellos, las podré hacer solo, si las estoy escuchando en mi cabeza. “Fantasma” fue un poco como terminar con los amores pasados, por así decirlo. Luego saqué “Intentarlo de Nuevo”, y que siento que también es como un marcapáginas de las cosas nuevas. Es un poco un manifiesto, porque todo el tiempo en la canción digo: “no voy a intentarlo de nuevo”. Pero realmente es una mentira, porque en muchos sentidos de mi vida, como artista y como humano, siempre lo estoy intentando de nuevo. Soy un poco porfiado en ese sentido.

Luego saqué “Blindness”, que es bien reciente, en el sentido de que me refiero a cosas que me pasaron hace súper poco y las fui orquestando en esta canción apenas escuché la melodía en una página de música que se llama mobygratis.com, que básicamente es una biblioteca musical que Moby, el músico, dejó disponible para que uno pueda agarrar las canciones y hacer lo que quieras (una vez que descargas la canción, te cede los derechos). Y apenas escuché la melodía, empecé a cantar solo el coro, y ahí fue casi como un acto chamánico de canalizar mis emociones y mi vida. Es una canción un poco simple en ese sentido, porque no le di tantas vueltas; apenas empecé a cantar la letra la empecé a escribir para no olvidarla, y la segunda vez que la canté la grabé al tiro para que no se me olvidara, y finalmente terminó siendo el single más reciente que he sacado y que también tiene un remix de un amigo que me gusta un montón.

Ahora estoy próximo a sacar otro single, del que aún estoy un poco confuso con el nombre (de hecho uno de los nombres tentativos es “Lorem Ipsum”). Y esta canción es la más de desamor de las que he hecho. Se trata de entender la ausencia y el dolor, y cómo de pronto uno puede estar adolorido por la ausencia de otra persona, y la manera en que la ausencia –por muy paradójico que suene– ocupa un lugar más grande que el que puede ocupar la presencia de algo o de alguien.

—A propósito de las referencias a materiales previos y trabajarlos prolongadamente a lo largo del tiempo, ¿cómo fue la experiencia de trabajar en el marco de una banda como fue Domingo Planet? Considerando que su álbum, Temporal, cumple diez años, pero el proyecto es de más largo aliento (igual que canciones como “Fantasma”, como bien dijiste). ¿Cómo es el trabajo en colectivo y qué has ido rescatando de ese proceso, considerando todos los años que han transcurrido?

Es bien loco porque es como viajar en el tiempo y ver las motivaciones o los temas que quería transmitir en ese momento, y de pronto revisitarlo o reinterpretarlo. Es muy distinto escribir una canción a los 19 y sacarla a los 35; a pesar de que en esencia la vida no ha cambiado tanto, es abismalmente distinto.

Respecto del proyecto de Domingo Planet, partimos siendo un dúo con Javiera Riveros, eventualmente fuimos un trío. Empezamos a hacer canciones por allá en 2008, y el álbum recién lo terminamos, lo subimos y lo mostramos en el 2016. También hubo harto tiempo de trabajo, harto replanteo, descartar canciones que a pesar de que las teníamos grabadas no las quisimos incluir o dilataban mucho el álbum, y no queríamos que fuera una cuestión tan empalagosa o tan llorona. Siento que Domingo Planet era un pop muy depresivo y bien melancólico, sin necesariamente ser nostálgico.

Lo interesante de trabajar con alguien es que tienes un feedback automático. Al trabajar solo tienes una libertad súper amplia, porque los límites te los vas poniendo tú, pero cuando estás trabajando en pareja o en un grupo o en una comunidad, siempre es importante –desde mi punto de vista creativo– no pasar a llevar la creatividad o el arte de las otras personas, y tampoco dejar que eso calle tu voz o tu perspectiva. Por eso hay muchas canciones –como, por ejemplo, “Wanna Come In” y “Fantasma”– que están en mi primer álbum y que traté de trabajar con Domingo Planet y que o ellos no sabían cómo resolverla o a mí no me sonaban bien cantadas por otras voces o con más instrumentos.

Entonces, fue a propósito el descartarlas, guardarlas y después volver a acordarme de ellas en otros contextos. Por ejemplo, en la pandemia estuve viviendo en Bélgica, y me acordé de “Wanna Come In” y la escuchaba en mi cabeza súper claro. En una tarde armé la maqueta y en un mes ya la tenía lista. Es súper experimental esa canción, en términos de que la grabé sin metrónomo, no hay una estructura pop necesariamente, hay mezcla de español con inglés. Siento que habla mucho de cosas que me importaban a los 18, 19 años: ser un adolescente y dejar entrar a alguien en mi vida. Y, de pronto, se resignificó en tener 30 años y cómo yo dejo entrar y salir a la gente en mi vida. O cómo también yo puedo ser esa persona que, de pronto, entra y sale dentro de la vida de alguien.

Si bien lo de trabajar o crear con otras personas es un lugar mucho más cómodo y mucho más entretenido, más rápido y menos disperso, de pronto al trabajar solo es un poco como que el cielo es el límite. Porque en verdad podías hacer diez versiones de la misma canción y te pueden gustar todas, pero tú decides con cuál te quedas o si las vas a usar todas o una versión vas a cantarla en vivo y la otra va a estar en un álbum o solo en el single. A mí me gusta jugar con las versiones y reversiones porque me parece que toda obra, ya sea musical, plástica, arquitectónica, puede tener más de una versión sin perder su esencia.

—Me parece muy llamativo lo que señalas sobre las versiones y los remixes, pero antes de profundizar en eso quería preguntarte por ese universo musical que construyeron en Domingo Planet. Como tú dijiste, es un pop melancólico, con cierta fragilidad y añoranza, que habla de un momento en el indie pop de Chile y que, aunque suena bien distinto de tu trabajo actual, te acompaña hasta hoy todavía.

Domingo Planet, como lo mencioné antes, éramos un dúo en un principio, que era yo y la Javi, y ella tiene una noción musical súper linda. Hasta el día de hoy es alguien que yo admiro mucho como artista, porque me parece que todo lo que hace, lo hace súper bien. Ella musicalizó con la guitarra un poema que yo había escrito y que había subido a mi Blogspot de ese tiempo. Me lo mostró como una sorpresa, así como, “mira lo que hice con lo que escribiste”. Me acuerdo que fue un domingo, y al domingo siguiente yo llegué a su casa y le dije: “Tengo esta otra cosa que escribí”, que es la canción que se llama “De menos”, y le dije, “Me imagino una melodía así que podría ser con la guitarra”. Y en media hora ya teníamos la canción lista, y como los papás de la Javi son profes de música, ella tenía hartos instrumentos y herramientas para grabar.

Empezamos al tiro a grabar las maquetas, sin querer nos empezamos a juntar todos los domingos a ensayar o a mostrarnos cosas tipo “hice esto”, “mira tengo esta letra”, y fue como simbiótico, se dio muy rápido y muy… effortless, sin muchas pretensiones. Teníamos ideas que le mostrábamos al otro y en muy poco rato se volvía una canción. Yo creo que con la Javi es la única persona con la que creativamente me he sentido tan cómodo y tan entendido: al momento de empezar una canción o empezar una letra, los dos decíamos la misma palabra o hacíamos la misma nota, teníamos una simbiosis creativa bien única. Me acuerdo que en ese momento yo todavía estaba en cuarto medio y la Javi estaba en un año de preu, entonces teníamos tiempo para juntarnos a hacer cosas, y eventualmente subimos las canciones a MySpace, nos invitaron a tocar a tocatas. En un momento, a la semana teníamos tres tocatas, hacíamos una canción por semana, entonces fue súper rápido el proceso creativo en ese contexto. Y siento que era muy sin pretensiones lo que teníamos.

De pronto el sonido era medio naïf porque ocupábamos juguetes o cosas que teníamos a la mano para hacer sonido, y de pronto eso se fue transformando en una dinámica. En vez de tocar en un teclado con sintetizadores ocupábamos una melódica, si no teníamos la melódica a veces un metalófono. Fue como ensayo y error, pero más que error fue ir aprendiendo juntos. Yo al menos aprendí mucho de la Javi, porque nunca tuve buen promedio matemáticas, nunca supe tocar ningún instrumento, pero de pronto la Javi me dijo: “Oye, tu voz también es un instrumento, y si respirai de esta forma desafinai menos”. Aprendí que la música podía ser algo que no necesariamente tenía que sonar siempre bien, mientras tuviera un propósito.

Créditos: @kirbicht

Siempre pensé que, después de que como Domingo Planet nos separamos, nunca iba a poder hacer música porque me daba mucho miedo hacerlo solo. Pero tenía el Ableton en mi computador –que también lo aprendí a ocupar con la Javi–, entonces empecé a retomar herramientas o cosas que tenía en el olvido, porque pensaba que solamente podían funcionar como en un grupo. Y las empecé a ocupar solo y de pronto esta creatividad o esta necesidad de hacer canciones también funciona cuando estoy solo o cuando soy solista. Lo difícil es tener un feedback, que te digan “Mejor saquemos este piano” o “Metamos dos pianos más”. Son como conversaciones que al final tengo conmigo mismo, pero que en su momento era una cuestión súper compartida.

Lo que mencionas sobre el proceso y cómo fue gestándose ese proyecto da cuenta de un momento musical y tecnológico muy particular. Uno podría decir que fue un tiempo en el que la música, como dices tú, sin muchas pretensiones podía circular en un internet menos hostil, donde quizá había más espacio para el error. No eran solamente las CocoRosie haciendo música con juguetes, como también esta suerte de circulación semiclandestina o no oficial de demos de Javiera Mena –entre la época de Prissa y Primeras Composiciones–. ¿Cómo ves tú (o cómo veías en esa época) ese universo musical y tecnológico en un país como el nuestro?

Me acuerdo que siempre decíamos con la Javi que queríamos sonar en la radio. Nuestra meta era llegar a la Radio Horizonte, pero tampoco era una meta-meta. Una vez participamos en un concurso de Super 45, y gracias a eso hubo gente que nos cachaba. De pronto ocurrió que entramos a un carrete donde no conocíamos a nadie y nos cachaban porque había gente de otro grupo que había escuchado nuestro proyecto porque nos vio los finalistas de Super 45. Entonces era una cuestión mucho más análoga y yo creo que menos competitiva.

Siento que actualmente si te demoras un año en sacar un single, ya casi que te olvidaron. No está al ritmo de los traperos o la gente que hace música urbana de pronto cada dos semanas sacan una canción nueva y que puede sonar súper parecida a la anterior, pero se valida más que esté ahí. Siento que antes estaba la virtud de que MySpace era una plataforma súper nueva, no existía Spotify, no estaba SoundCloud, y en MySpace podías subir un tope de cinco canciones. Pero claro, eso también permitía como que conocieras cosas más de nicho o versiones más antiguas incluso. Por ejemplo, debemos haber subido, no sé, como cuatro o cinco versiones de “De menos”, y que deben sonar súper distintas a la que está en el álbum (que se nota que hay un trabajo de masterización, de mezcla).

Tampoco queríamos ser unos músicos virtuosos ni tampoco de ser, no sé, Dënver, que también era un dúo en ese tiempo, o las CocoRosie, o no sé, Björk, pero sí queríamos pertenecer a una escena. De pronto muchos artistas con los que tocamos juntos tampoco están haciendo una obra, y me imagino que deben tener proyectos paralelos o solistas, pero ese era un momento bien efervescente en el sentido de crear, de encontrarte música nueva o encontrarte proyectos nuevos, o conocer gente. Tampoco éramos de ir a todas las tocatas o a todas las cosas musicales, íbamos a donde tocábamos nosotros nomás, y en esos espacios conocí a mucha gente que también tenía como esta inquietud o estas ganas de crear música sin ser, no sé, un Gepe, o sin ser una Francisca Valenzuela. Crear música solamente porque tenís ganas de hacerlo y mientras más gente te escuche, bacán, pero si no, no.

En ese tiempo cobrábamos una entrada simbólica en las tocatas para después ponernos a tomar en la Plaza Brasil. Nunca creímos que teníamos fans, sino amigos que iban a todas las tocatas o amigos que tenían otros amigos y finalmente después de la tocata poder compartir un vino y agregarnos a Messenger, o al Facebook. Siento que es muy distinto ahora, es todo un poco más impersonal. Sí está la distancia entre el artista y el fan o el artista y quién va a escuchar. Yo creo que no tengo fans, pero sí hay un grupo de amigos que me apoyan y para mí eso es suficiente también.

Pensando entonces en el tránsito hacia tu trabajo como solista y la música que nutre esa creación, quisiera saber de esas referencias que están más situadas en lo digital, lo electrónico. Eso se ve muy fuerte en Gluebriel, pero también hay un diálogo con el electropop chileno que está en el cover de haces de “Enciérrame”, de Sofía Oportot. ¿Cuáles son esas constelaciones musicales de tu trabajo más reciente?

Más que una evolución o un cambio hay una especie de tránsito. Por ejemplo, pienso en las primeras canciones que hacíamos con Domingo Planet era guitarra melódica, dos voces y en Temporal ya hay guitarras eléctricas con pedales, teclados con sintetizador, voces con algunos efectos. Cuando dejamos de juntarnos a hacer música estábamos pensando en un segundo álbum que sonaba mucho más shoegaze: las guitarras ya no eran electroacústicas o acústicas, eran dos guitarras eléctricas, muchos pedales, mucho reverb y delay en las voces. Siento que ahí empezó un tránsito hasta que me enfrenté yo solo y pensé bueno, no sé tocar nada y tengo un computador. Muchos de mis referentes musicales son súper electrónicos y, de pronto, sin saber cómo quería sonar fui sonando bien bailable. Siempre pensé que mi primer álbum iba a ser mucho más oscuro, pero resultó ser mucho más bailable; y ahora mi segundo álbum, sin darme cuenta, está mucho más oscuro y menos bailable.

Pero está presente esta visión de los instrumentos y los sonidos como miembros del grupo, aunque sea un solista. Aunque yo esté siendo solista, igual entiendo mi música como un diálogo que parte conmigo y no termina. Hay un oyente que, de pronto, está escuchando algo y lo puede poner contento o se puede acordar del papá o se puede acordar del expololo o de un funeral o de unas vacaciones. Me interesa un poco más generar eso ahora con la música, los sonidos y los recursos que tengo. En el computador puedes tener una banda si te das el tiempo necesario de bajarte plugins y tener una batería que suene como alguien que esté tocando una batería y jugar con tu voz, grabarte y editarla para que parezca la voz de otra persona y que sea una segunda voz… Siento que es una textura musical que actualmente para mí tiene más sentido con quien soy como músico. Escucho mi música ahora y me gusta harto, estoy conforme con lo que he estado haciendo en este formato de solista que también trato de que no sea tan solo. En los últimos tres singles, por ejemplo, he trabajado con productores porque creo que ahí está ese como compañerismo o ese como feedback automático hacia dónde direccionar una idea.

Me resulta llamativo de tu propuesta –tanto solista como en la banda– que hay canciones que podríamos decir que son bailables y a la vez hay momentos en donde uno puede tomarse el tiempo para que la música te afecte.  Vale decir, no estás sólo usando el formato de canción de tres minutos con una estrofa, coro, estrofa. ¿Cómo ves esa deriva de buscar, otras estructuras, otras texturas también?

“Fantasma” es una canción que todo el rato es un coro. No tiene puentes, no tiene descanso, sino que es un coro, más un coro, más un coro, aunque esté diciendo otra cosa, pero es la misma melodía. Por eso digo que mi música es un electropop que a veces es medio dark y no tan pop –porque me salgo un poco del pop– y también a veces no es tan dark. Electro va a ser siempre, porque lo trabajo en el computador, aunque estoy trabajando ahora en una canción que tiene solo una guitarra (que no grabé yo, la grabó un amigo).

Créditos: @kirbicht

Retomando algo que has mencionado varias veces, que es el trabajar materiales en distintas versiones, las ideas previas que vuelven a la superficie y aprovechar la instancia de colaborar con otras personas, ¿cuál es la importancia que le das al remix dentro de tu forma de trabajar y de tus referencias musicales? Por ejemplo, una que mencionaste y que es dura del remix es Björk.

Como decía antes, hay cosas que se escuchan en Temporal y que se escuchan en Bluebriel y que son primas o vecinas cercanas. Sin darme cuenta me he “plagiado” a mí mismo, pero es porque soy yo. En el álbum de Domingo Planet hay cosas que yo noto que hizo la Javi y cosas que hice yo. A lo mejor en mi álbum solista, en Bluebriel eso está más presente solo porque estoy yo.

Y quizás mi referente de remixes o de reversiones es muy antigua. Hay una cantante japonesa que se llama Ayumi Hamasaki –que es como la Britney Spears o la Madonna de Japón, solo que es más joven–. Con su álbum debut, a los seis meses un álbum doble remixes con versiones electrónicas y versiones acústicas que se llamaba ayu-mi-x. Y como a ese proyecto le fue bien, después cada single que sacaba tenía como diez canciones, porque era la versión original todos los remixes que pudo hacer con versiones de orquesta, trance, bossa nova, qué se yo, y al final la versión instrumental. Ahí son once canciones; no es un single, o como en los japoneses le llaman maxi single. Después ella empezó a sacar el ayu trance, que era un compilado de todas las versiones trance que estaban en los singles. Luego vino el ayu erobeat, que era euro trance, euro beat japonés. Y a fin de año sacaba otro ayu-mi-x que tenía la recopilación de todo, el very best. A el mismo Ayumix tenía otras versiones, como el ayu-mi-x non-stop megamix, y a mí me parece fascinante esa idea de tener un álbum totalmente distinto con canciones tuyas y que de pronto hay cuatro canciones que se repiten pero son totalmente distintas porque en una es la orquestal y en otra se amplifica tanto tu voz que ni siquiera cachai cuál es la canción.

Desde chico, sin querer, estudié el proceso de la música japonesa y el marketing me parecía fascinante. Más que tratar de emularlo, siento que me gusta mucho pensarme como alguien que puede reversionarse a sí mismo o que le puedo decir a alguien más: “Si te gustó esta canción, ¿por qué no la remixeas? Te la paso y haz lo que querai, si quieres borra toda mi voz”. Me gusta que mi creación no tenga un copyright o que sólo la puedo cantar yo. Me gusta mucho que mi idea la pueda agarrar alguien y haga una traducción a su manera o con su sonido o con su instrumento o con su voz. Porque es muy bonito, de pronto, escuchar un remix que hizo alguien y que esto partió de un “nanananana” en mi cama que grabé para que no se me olvidara, y de repente ya es la idea de otra persona.

Es la continuación de esa búsqueda de retroalimentación o de diálogo, pero por otros medios.

Sí, sí. Por ejemplo, en muchos artistas tú lo notas cuando escuchas el álbum en estudio y después lo escuchas en vivo: suena distinto porque hay una banda. Y para mí es un poco eso, pero más desde la pieza, o desde el computador o desde lo que estás escuchando con tu audífono. Me gusta mucho que mi idea también pueda ser traducida o reinterpretada por otra persona y que a su fanbase le guste lo que hizo. Pero en verdad ya es su idea. Yo di el puntapié inicial y terminó en otra canción.

Lo digo en parte porque creo que, para bien y para mal, todo lo que fue el fenómeno de Brat y sus remixes instaló una idea de qué cosa era el remix. Quizá no fue a propósito, pero tiende a obscurecer esta otra historia más larga y que se vincula a lo que señalas sobre cómo cómo la música japonesa piensa el marketing y que para sacar la edición japonesa de un disco tienes que ponerle algo distinto que la versión “occidental”.

A veces en vez de bonus tracks o canciones inéditas son remixes como lo que ahora se entiende como la versión deluxe. En la industria japonesa sacan primero los singles y después sacan el álbum: normalmente son 5 singles, que un artista de pop promueve con 5 videoclips. Después puedes sacar el álbum con la versión DVD que viene con los 5 videoclips. Claro, es todo marketing, pero en el fondo estás pensando en la persona que lo va a comprar, estás dándole más material o al fan o a la persona que le interesa escucharlo o verlo.

Pensando en esto último del material que queda para el público, y también en esta estrategia que señalas de ir sacando singles antes de lanzar un nuevo álbum, tengo dos preguntas. Primero, ¿qué importancia le das a ese aspecto material y de objeto en tu trabajo, considerando que vivimos en este mundo tan acelerado donde sale mucha música nueva todos los viernes en Spotify? Y, luego, ¿hacia dónde van las canciones que todavía estás en proceso de armar?

Bueno yo soy bien obsesivo quizá, o bien pegado con que exista un formato físico porque también colecciono o CDs. Yo sé que es súper poco ecológico ocupar cajas de plástico, entiendo que quizá es mucho mejor sólo sacar cosas digitales y quedarte ahí. Pero sí soy de las personas que cuando se compran un CD le gusta leer las letras mientras lo estoy escuchando. Me gusta esa idea de un álbum objeto, la materialización de un CD objeto. Los coreanos, por ejemplo, también hacen eso (como parte del marketing, a lo mejor): que venga la cajita con el CD, con un librito de fotos, con otro librito de letras, con una photocard, con una postal. No es solamente un CD y listo.

Entonces, en mi cabeza lo tengo súper conceptualizado: sé qué colores voy a usar, sé cómo va a ser la diagramación, la foto de portada. Lo tengo súper claro, siento que no me va a costar tanto trabajarlo, porque en mi cabeza ya está. Con Bluebriel hice un digipack (estas cajitas de cartón con el plastiquito) y el segundo álbum me gustaría que fuese una caja de plástico, pero solamente de tincado nomás.

También quiero sacar un álbum de remixes que me gustaría que tuviera una forma física y que también ya tengo más o menos en mi cabeza los colores, el estilo. Siento que mi música en ese sentido es bien visual y audiovisual para mí mismo. Cuando hago una canción ya me estoy imaginando el videoclip, ya me imagino los colores de la portada o todo eso. A lo mejor si tuviera un sello discográfico habría más manos interviniendo. De pronto eso es lo bueno de ser solista y autogestionado: puedo darme el “lujo” de que todo sea a mi gusto o que todo funcione como quiero que funcione en términos de imprimir un librito con letras.

Sobre los proyectos que vienen en camino, estoy trabajando con Nicorito que es un músico chileno y amigo que es muy talentoso y es parte del dúo Pasaje. Se me ocurrió la idea de hacer un split, que tiene una canción mía, una canción de él, una canción de los dos juntos, un remix de una canción de él hecho por mí, una canción mía con un remix de él, que también queremos que tenga copias físicas. También tenemos un proyecto que me tiene emocionado porque se viene un cover que quiero hacer hace mucho tiempo y lo vamos a cantar juntos, de Paloma San Basilio. No voy a dar más adelantos para mantener el suspenso.

Y este 8 de septiembre voy a cantar en el bar La Isla en los ciclos que está haciendo Ciudad Literaria. También tengo en mi cabeza un par de colaboraciones más, pero no quiero decirlas para no jinxearlas, porque a lo mejor no pasan. Sí puedo adelantar que mi próximo álbum –que tentativamente se llama Wabi Sabi– va a contar con dos colaboraciones una con el Nicorito y otra con alguien más (un poco en mi TOC de que mi segundo álbum tiene que tener dos colaboraciones). Mi próximo single, que espero sea el último adelanto del Wabi Sabi, debiera salir a finales de septiembre.

Créditos: @kirbicht
AUTOR/A/ES
POR 
Matías Marambio de la Fuente
Historiador dedicado a la docencia e investigación sobre militancias culturales, cultura impresa y edición. Integrante del equipo editorial de La Raza Cómica.
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