Notas para una presentación de La voz de lejos. Crónicas, lecturas y recados

Presentación realizada en Valdivia, el 10 de octubre de 2025 en Librería Los Libros del Gato Caulle. La autora estuvo acompañada de Walter Hoefler y César Díaz Cid.
En la presentación de un libro de Rosabetty Muñoz, varios años antes de la pandemia, ella sostenía que estos encuentros son tan íntimos que los autores y presentadores se saben los nombres de casi todos los asistentes. La ocasión en verdad reunía a gente que nos conocíamos. La anécdota puede ilustrar la similitud de escenarios en contextos actuales porque a pesar de los notorios cambios que, en materia de producción editorial, variedad de autores, cultivo de estilos y géneros, Valdivia, a pesar de su condición de ciudad principal de la región, vista desde la capital del país, sigue y seguirá “hablando” de lejos. Y no se trata de la separación de 850 kilómetros que será siempre una complicada dificultad geográfica por salvar. La situación tiene que ver con esa invisibilización cultural que la provincia lleva sobre sus hombros. Este fenómeno no es privativo a nuestro país. En muchos otros lugares del mundo también se mira y se escuchan voces de lejos: las de los poetas que habitan en Hamilton, con respecto a Auckland en Nueva Zelanda. Los que escriben y habitan en Spokane respecto a Seattle en noroeste norteamericano. Esta situación de “lejanía” es uno de los variados temas sobre los que la voz ensayista de Antonia Torres articula en la colección de breves textos. El concepto de “voz” en materia de estudios literarios ha sido ampliamente observada y por lo tanto no es producto de la coincidencia que Antonia acuda a esta figura que identificará en este volumen, su timbre narrativo. Como bien lo aclara Soledad Bianchi, presentadora del libro, el recurso responde a un propósito organizador. Si observamos el subtítulo del libro vemos que explica mejor lo que queremos decir. Se trata de una colección de crónicas, de lecturas y de recados. Cada una de estas modalidades de escritura adquieren particular sentido en su conjunto. Como bien señala su prologuista, las tres secciones en las que se disponen los comentarios de Antonia someten a examen, probablemente relecturas de sí misma con la natural reflexión que genera el abordarse y escucharse desde la otredad que el tiempo y los momentos ejercen en las tonalidades de todo escritor. Las maneras en las que Antonia ejercita la escritura de estos apartados apelan a un lector avisado en materia de literatura. Se sobrentiende que existe un interés previo por la actividad literaria y en algunos momentos, particularmente la que se produce en esta región del país. Es este requisito el que posibilita la complicidad con el ejercicio reflexivo al que invita la grata escritura de Antonia Torres. Se genera entonces el placer de la lectura sobre una significativa variedad de autores a los que comenta con una admirable plasticidad verbal. El propósito de la autora es arriesgado, sobre todo, porque incorpora lecturas disímiles en épocas, en propuestas estéticas, en formatos genéricos y orígenes geográficos tan diversos como los que habitan en este conjunto.

Hay ensayos destinados a la poesía en la primera parte del libro, a la narrativa en la segunda y en la tercera sección espacio para la reflexión sobre “asuntos generales” desde una mirada más íntima y personal como señala acertadamente Soledad Bianchi en su presentación. Probablemente otros lectores apunten mejor y develen que estas zonas contienen otras intenciones. A mí me hacen recordar la estructura dramática de tres actos que probablemente estuvo tan presente en la infancia de Antonia. Al tiempo de conocerlo como poeta, a su padre lo admirábamos como director de Teatro. En esta ciudad Jorge dirigió el estreno de El loco y la Triste de Juan Radrigán (con Etelvina Ruiz como la Pata e cumbia y al novelista Marcelo Lillo como Pedro). Eran tiempos complicados donde a pesar de que todavía no existían las actuales editoriales locales, había actividad literaria principalmente vinculada con la Universidad en Isla Teja. Pese a las dificultades de esos años los poetas se mantenían en contacto con los escritores del exilio, principalmente los de Trilce. Sobre la relevancia y su impacto en la cultura literaria nacional de Trilce, Walter Hoefler podría señalarnos mucho porque él fue protagonista de esos momentos que para quienes entramos a escena años más tarde ya eran parte de la leyenda.

Hace una semanas coincidimos con Walter en el pasillo de entrada de esta librería y comentábamos la gentileza de Antonia de invitarnos a presentarla. ¡Qué onda la de Antonia de invitar a los amigos de su padre a presentarla! Pero de inmediato nuestro hábito académico asomó y con coincidíamos en que probablemente se trataba de dar contexto a las razones profundas que generan su nuevo libro. Fíjense que el libro de Antonia es prologado por Soledad Bianchi que firma desde Santiago su presentación (“la voz de lejos” es la de Soledad vista desde esta zona). No puedo dejar pasar la oportunidad para recordar que Soledad Bianchi fue una de las figuran pioneras que desde la academia dedicó tiempo y espacio a comentar e incorporar la producción literaria del sur de Chile a fines de los años 70, pasando por los 80 y todavía presente en las actividades a las que se la invitaba ya entrada la década de los 90. No es fortuita la presencia de su voz en esta colección de reflexiones.
Ya dentro del corpus del libro que nos convoca, puedo decir que me sorprendió el que Antonia dedicara el primer apartado de su libro a Pablo Neruda. Este texto, como ella lo explica, es el resultado de un ejercicio previo, antes publicado, pero que, desde mi modesta lectura del libro que ahora comentamos, se encamina a refrescar la memoria sobre una tradición estética preexistente, en la que obviamente descolló el sureño acento de Neruda. Dos aspectos me llaman la atención de este primer capítulo. Uno es dejar en claro que su lectura de Neruda proviene desde una mirada actualizada, con marcos teóricos más cercanos al siglo XXI que al anterior. Todo esto con la ayuda de su natural condición de sujeto autora, pero distante de la campaña de cancelación que proviene de intereses varios sobre la obra de Pablo Neruda. (Luego volveré sobre esto de la natural condición).
Desde este primer apartado es evidente que el lector/ra que precisa el conjunto es un sujeto al menos con un conocimiento elemental sobre literatura contemporánea. No son textos de lectura fácil y si los autores a los que aborda Antonia son desconocidos más concentración demanda la lectura de sus comentarios y reflexiones. Por ahí es que retomo esta ocurrencia sobre la “natural condición” que caracteriza a nuestra autora. Pareciera que le sale todo como natural a Antonia cuando se la lee. Y esto ocurre tanto en su poesía, en su prosa narrativa y en el ensayo literario o autobiográfico. Su pluma fluye, es portadora de una fina plasticidad, elegancia que resulta amena, cuestión muchas veces complicada de lograr en el cultivo de este género dedicado a la reflexión. Para conseguir estas virtudes se precisa de particulares condiciones. Alfonso Reyes quien era admirado por Borges, era poseedor de esta natural habilidad. Los ensayos de Alfonso Reyes se caracterizan por ser aun mismo tiempo elegantes, inteligentes y amenos. Lo anterior, reitero, es producto de un talento cultivado, en el sentido de adquirido. Para su logro se precisa de atención, cuidado, responsabilidad y esmero y de no pocas horas de dedicación. Nadie escribe de la noche a la mañana de manera plástica y natural, porque no hay nada menos natural que la escritura. Es oficio, es trabajo de escritorio, de lecturas y relecturas. Por lo general, los cultores del ensayo saben aplacar las marcas de esa labor. Como los magos, no nos cuentan sus trucos porque esa confesión acabaría con el encanto de la prestidigitación. El ensayista a menudo cita a otros ensayistas, como el memorialista lo hace con otros cultores de la autobiografía. Los ensayistas se visten con el ingenio y la frase oportuna de otros/as autores y con ellos enriquecen sus argumentos. En su Breve historia del ensayo hispanoamericano, José Miguel Oviedo se refiere a la “naturaleza proteica” del ensayo. Ese “centauro de los géneros” como lo definiera el ya mencionado Alfonso Reyes. Otro de los aspectos que también llamó mi atención es el recuento final que nos entrega Antonia en su libro. En las páginas de cierre nos comparte el origen de cada escrito y el contexto en el que se crearon. Podría extenderme en este punto, pero prefiero que ella nos dé más detalles sobre esta decisión suya.
A pocos pasos de esta casona está la ahora llamada casa Luis Oyarzún, autor de unas elogiadas Meditaciones estéticas y de otra joya ensayística como lo es Defensa de la tierra. Luis Oyarzun decidió establecerse en Valdivia cuando ya era reconocido su legado en este género. Los escritores y profesores que han encaminado sus vidas junto a la labor universitaria desde la Isla Teja cultivaron y cultivan como parte de su trabajo el ensayo académico. Y por ahí creo que se comienza a despejar la interrogante que nos planteábamos con Walter hace unos días. Antonia nos invita a acompañarla en la presentación de su antología producto de su aventura en los océanos vertiginosos del ensayo. Walter tiene varios libros de ensayos dedicados al arte literario y es pilar de una tradición literaria en el sur de Chile. Por mi parte desde hace muchos años he destinado mi tiempo a explorar en el ensayo autobiográfico, género que destaca principalmente, y con mucho acierto, en los capítulos de este libro. Todas las modalidades que forman parte de este maravilloso corpus nos invitan a escuchar una particular voz, llamémosla de momento: La voz de lejos.



