Pelotillehue

“¿Me estás tomando el pelo?”. Rara expresión para señalar una especie de burla socarrona, una broma que pretende pasar inadvertida hasta que ya es demasiado tarde. Hasta donde sé, tomarle literalmente el pelo o el cabello a alguien no significa exactamente burlarse. Si uno intenta llevar la expresión a su correlato físico y concreto, cuesta vislumbrar la relación. ¿Por qué el pelo? ¿Por qué tomarlo? En inglés existe algo parecido: to pull someone’s leg, tirarle de la pierna a alguien. Entre la pierna y el cabello hay, desde luego, algunas diferencias, pero ambas expresiones comparten un mismo lugar común: la broma en que el otro queda momentáneamente expuesto, víctima de una pequeña situación asimétrica. Uno sabe algo que el otro no sabe. Uno tira; el otro pierde el equilibrio.
Sea como sea, antigua es la expresión. Su origen preciso no está del todo resuelto, lo que resulta apropiado para una frase que significa algo que sus propias palabras no terminan de explicar. Quizás sea mejor dejarla así, suspendida en esa zona incierta donde prospera el humor.
Algo de esa misma lógica parece contener el nombre de Pelotillehue. Jorge Montealegre observa que –hue, proveniente del mapudungun, remite al “lugar donde hay” o “donde abunda” algo. De acuerdo con esa lógica, Pelotillehue sería una construcción paródica de la toponimia chileno-mapuche: aproximadamente, “lugar donde abundan las pelotas”. La gracia, naturalmente, está en no saber cuáles. Las pelotas, los balones, o los pelotas, es decir, los tontos.La ambigüedad es un excelente vecindario para el humor. La indefinición desmantela la certeza. Nada mal para un personaje nacido en el Chile de 1949 y que pocos años más tarde terminaría instalado en este pueblo semirrural, ubicado entre Cumpeo y Buenas Peras. Entre un lugar verdadero y otro inventado. Entre la nada y la nada misma. Entre Tongoy y Los Vilos, si queremos seguir con esas coordenadas ricas e imprecisas que se cuelan en la cultura popular y cristalizan en fórmulas verbales igualmente elusivas: ni chicha ni limonada, más o menos, ahí vemos, puede ser, quién sabe.
La certeza de la incerteza.
La indeterminación como lugar seguro precisamente porque no garantiza nada. Y por eso mismo puede ser una cosa y también la contraria. Si uno consiguiera ordenar estas expresiones y derivas como si fueran axiomas, no solo del lenguaje popular sino de ciertas prácticas de vida, quizás no podríamos hacer otra cosa que sentirnos tranquilos.
Que nada sea realmente como se dice podría incluso ser declarado patrimonio cultural intangible. Un espléndido antídoto contra cualquier expectativa. Si las cosas nunca quedan del todo definidas, tampoco pueden decepcionarnos por completo. Hoy son una cosa, mañana pueden ser otra diametralmente distinta. No hay contradicción porque tampoco hubo nunca demasiada definición.
Vivimos, entonces, en un lugar poco serio.
O, mejor dicho, pantanoso.
Una sociedad pantanosa donde, aunque ya no estemos en el Chile de 1949, seguimos conviviendo con instituciones que se hunden un poco cuando uno intenta pisarlas. Un Estado que muchas veces parece construido sobre suelo blando. Hablamos pantanosamente y, como es natural, los acuerdos que surgen de esa conversación adquieren también una consistencia dudosa. Hay acuerdos, por supuesto. Solo que conviene no apoyarse demasiado en ellos.
Debiéramos entonces celebrar la improvisación. Abrazar nuestra carencia de planificación y de definición. No sentir culpa. Si aquí nunca hay nada completamente dicho, podemos ir viendo. A la que te criaste. Sobre la marcha. Después se arregla.
Tampoco es momento de pedirle peras al olmo. Pidamos otra cosa. Pidamos cualquier cosa, en realidad: en pedir no hay engaño. Y si mañana aquello que pedíamos deja de existir, siempre podremos decir que se entendió mal.
La preocupación por los fondos culturales y de investigación, la delincuencia, las instituciones o el avance de la ultraderecha no debería, bajo esta doctrina, quitarnos el sueño. Nada es tan definitivo. Piénselo por un momento. No se haga mala sangre. Lo que hoy parece grave mañana puede ser distinto, puede ser corregido, reinterpretado, postergado, reformulado, sujeto a disponibilidad presupuestaria.
Puede ser.
Quién sabe.
Ahí vemos.
Después de todo, estamos en Pelotillehue.



