“La historia la hacen las mujeres”. Pobladoras en Dictadura.

El conocimiento ha sido constantemente un campo de producción desde hombres y para hombres intelectuales, quienes han instalado un discurso oficial con lógicas patriarcales. Las ciencias y el conocimiento debido a su inherente racionalidad son asociados a lo masculino, en cambio lo femenino, más subjetivo y emocional, es relegado al ámbito doméstico. La historia, ya sea como ciencia social o como disciplina, no está excluida de estas prácticas de producción de conocimiento patriarcal y hegemónico que se ha encargado de invisibilizar las acciones de mujeres a lo largo de la historia. Las construcciones sociales con respecto a la perspectiva de género se han comenzado a ampliar recientemente, por lo que se observa un desafío en el campo historiográfico para suplir los vacíos que el discurso oficial ha instalado.
 
¿Cómo se ha invisibilizado la figura de las mujeres en la historia? ¿Cómo las mujeres nos reconocemos como actoras y sujetas de acción dentro de las dinámicas sociales? ¿Cómo construimos una historia de mujeres? Son algunas de las preguntas que articulan el desarrollo de este trabajo. Las mujeres somos sujetas de acción y reflexión que hemos sido invisibilizadas por el patriarcado, y la organización de nuestras ancestras ha sido fundamental tanto para los procesos históricos pasados como para nuestra actualidad. La construcción de nuestra propia historia debe realizarse desde nuestras experiencias, nuestras reflexiones y nuestras memorias, como un saber a contrapelo del saber instituido por las clases dominantes.
 
En este trabajo nos enfocaremos en realizar una sistematización de la producción historiográfica sobre la participación de las mujeres pobladoras en Chile en el período de Dictadura, debido principalmente a que es el período que contiene más información sobre organizaciones colectivas de mujeres.
 
1. El patriarcado como modelo social
 
La construcción de las sociedades a lo largo de la historia se ha establecido mediante un “sistema que estructura la parte masculina de la sociedad como un grupo superior al que forma la parte femenina, y dota al primero de autoridad sobre el segundo. Las sociedades industriales avanzadas presentan numerosas formas de estructurar y reforzar la superioridad y el control de los hombres sobre las mujeres.”1.
 
Este proceso se ha visto evidenciado en diferentes dinámicas de la sociedad: política, social, económica e intelectual. En términos políticos, la organización de las sociedades en cuanto a la legislación y la institucionalidad ha sido vinculada con los hombres y su capacidad de liderazgo. En términos económicos y sociales, los hombres han sido los detentores de la capacidad de producción y riqueza, es decir, desde ahí viene su patrimonio. Sin embargo, las mujeres han sido relegadas, mediante el matrimonio, a cuidar el patrimonio del hombre y a mantenerse en el lado doméstico del espacio social 2
. En términos intelectuales esta dinámica de subordinación femenina no cambia. El racionalismo instaurado en la época de la Ilustración ocasionó que esta dicotomía entre lo femenino y lo masculino se hiciera más evidente. Lo masculino ligado a lo racional y lo femenino a lo emocional. La producción de conocimiento se estructuró de esta manera desde un método racionalista y científico. El hombre, como ser capaz de utilizar la razón para sus acciones, es quien ha producido el conocimiento científico desde la objetividad y la neutralidad, lo que se ha considerado óptimo para las ciencias absolutas. La mujer, difundido como un ser emocional (menos de usar la razón para sus acciones), fue excluida de esta dinámica debido a la poca objetividad que podían demostrar en sus investigaciones, marginada aún más al espacio doméstico de cuidado y reproducción, se distanció de la producción de conocimiento, no sólo porque era mal visto, sino porque además era castigado.
 
Este tradicionalismo ha seguido las bases de un modelo patriarcal que estructura las relaciones sociales con dinámicas de subordinación de los sectores subalternos, es decir, sectores que están en condición de “subordinación en el contexto de la dominación capitalista.” 3
Las mujeres forman parte de este grupo subalterno dominado por las condiciones de patriarcado.
 
Continuando con la idea de la intelectualidad desde el patriarcado, no sólo la producción de conocimiento ha sido instaurada desde las dinámicas masculinas, sino además, este mismo conocimiento hegemónico se ha encargado de invisibilizar a estos sectores subalternos que mencionamos anteriormente, especialmente a las mujeres.
 
Ante esta situación de marginación y subordinación en que se encuentran las mujeres, como parte de este sector subalterno, ha surgido recientemente (hace no más de ochenta años) un movimiento que se ha encargado de suplir y desnaturalizar estas acciones patriarcales. La perspectiva de género surge para contar estas historias desde otras veredas, para evidenciar la dominación que el hombre ha ejercido en los grupos subalternos durante siglos, brota desde una reflexión feminista que es capaz de cuestionarse “los roles asignados a las mujeres, a la distribución espacial desigual de hombres y mujeres, todo lo cual determina las posibilidades de aparición, desplazamientos, movilidad y la construcción de imaginarios simbólicos.” 4
 
En términos historiográficos el vacío con respecto a la teorización sobre las mujeres es igual de deficiente. La historia ha sido relatada constantemente desde hombres, sobre otros hombres para otros hombres, en sus hechos y en sus procesos de conquista de sociedad y de territorio. Este discurso oficial instalado en las memorias de las personas –y que se enseña activamente en los centros educacionales menores- también ha apartado las acciones de construcción de un relato histórico de las mujeres. Sin embargo, en el caso de Chile, podemos encontrar estudios recientes sobre acciones y organizaciones de mujeres en el período de la Dictadura, comprendido desde 1973 a 1989. A partir de una sistematización de estos estudios observaremos cómo se ha construido este relato con perspectiva de género para esta época, ya que es importante destacar que es el período que consta con mayor información sobre las mujeres en la historia la que, en cierta medida, aún es reducida.
2. Historia de las mujeres en Chile
 
El patriarcado, como un sistema de relaciones sociales de dominación, no ha sido profundamente analizado en la teoría chilena, debido principalmente a que los movimientos feministas y con perspectivas de género han obtenido mayor fuerza recientemente. En Chile, una muestra fehaciente de que esta categoría de patriarcado se mantiene arraigada en nuestra sociedad es que la “violencia contra las mujeres continúa legitimada en la cotidianeidad, invisibilizada en sus diversas expresiones, y sostenida en el orden patriarcal que, a través de una multiplicidad de formas, mantiene y recrea el ordenamiento jerárquico que marca a las mujeres en un estatus inferior.” 5
 
La perspectiva de género evidencia y desnaturaliza estas diferencias sociales. “El género ofrece una buena manera de pensar sobre la historia, sobre la forma en que se han constituido las jerarquías de la diferencia –inclusiones y exclusiones– y de teorizar la política (feminista).” 6Los movimientos de mujeres y las acciones colectivas con perspectiva de género brotan en respuestas a formas y expresiones violentas y patriarcales, ya que son capaces de observar la situación de subordinación en la que están inmersas. Sin embargo, no cualquier movimiento de mujeres tiene perspectiva de género.
 
En Chile, las formas de participación de las mujeres, a comienzos del siglo xx, se traducen en una acción política por parte de mujeres pertenecientes a la élite terrateniente, es decir, mujeres letradas e ilustradas que eran capaces de discutir, pero desde el tradicionalismo en cuanto a los roles de género. Entonces debemos hacer la distinción entre: movimiento de mujeres y movimiento feminista. Los movimientos de mujeres son todas aquellas acciones colectivas y públicas levantadas por mujeres a lo largo del siglo xx. Los movimientos feministas son acciones, también colectivas, pero que requieren de un proceso de conciencia sobre las condiciones subordinadas que instala el patriarcado en su cotidianeidad. De este modo evidencian y desnaturalizan la problemática y buscan la transformación de la realidad oprimida. En ambos casos, en especial el segundo, es fundamental que la reflexión y la acción sean las articuladoras de los movimientos.
 
La concientización de la condición cotidiana de subordinación es la reflexión inicial para la articulación de un movimiento de mujeres con perspectiva de género, lo que derivaría en la acción colectiva para la transformación social. Los movimientos de mujeres con perspectiva de género en Chile surgen en momentos relevantes de la historia. Si bien no tenían las bases teóricas feministas para una lucha directa contra los roles de género, la conciencia sobre la condición de subordinación por parte de las lógicas institucionales y sociales es fundamental para la articulación de aquellas acciones. En este punto de articulación y organización la praxis es esencial para el reconocimiento de las mujeres como sujetas de acción de transformación, con potencialidad de cambio de sus realidades oprimidas. La praxis es lo que mencionábamos anteriormente sobre la reflexión y la acción. Se vuelve primordial que las mujeres tengan las instancias de reflexión colectiva para enlazar y reconocer experiencias comunes en torno a la condición subordinada en la que se encuentran, ya que mediante esta comunicación ellas serán capaces de definir los lineamientos para una acción en el cambio social, ya sea para cubrir necesidades del momento o para un cambio estructural, más macro, pensado a largo plazo.
 
En Chile las formas de participación de mujeres comenzaron en las primeras décadas del siglo xx. Las organizaciones iniciales surgieron principalmente en torno a la temática del trabajo y a las precarias condiciones de vida que se evidenciaban por la denominada cuestión social, que afectó a gran parte del país por las malas condiciones económicas en las que eran mantenidas las mujeres obreras y sus familias. En las décadas de los veinte y treinta el movimiento sufragista amplía la base política y la lucha por mejores condiciones de vida. La presencia del Frente Popular y su ascenso a la institucionalidad gubernamental generó mayores puestos de trabajo para las mujeres, aumentó el acceso de espacios de poder y el crecimiento de los sectores medios de la sociedad, pero el clima de crisis económica y social propició el surgimiento de movimientos como el sufragista, que logra el voto municipal para las mujeres en el año 1934. En el año siguiente se funda el Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH de ahora en adelante) “para luchar por la igualdad de derechos de las mujeres”7, proponen la formación de una «mujer nueva», emancipada política, económica y biológicamente. De este modo el MEMCH durante las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta –momento en el que se extingue- lucha por los derechos políticos y civiles femeninos (logran el Derecho a voto femenino en el año 1947), la igualdad en temas laborales, la educación sexual, el aborto legal y el derecho a la No maternidad. Si bien el Movimiento Pro Emancipación no postula un discurso antipatriarcal explícitamente, se evidencia una concientización en cuanto a la condición de desigualdad, dominación y a las prácticas sociales e institucionales. Durante los años cincuenta el MEMCH decayó en su participación debido a la persecución política que sufrieron muchas mujeres pertenecientes al Partido Comunista después de la promulgación de la Ley Maldita en el año 1949. A partir de esto en aquella década y la siguiente los movimientos de mujeres se vieron claramente disminuidos, funcionando sólo con acciones políticas concretas y de ciertas mujeres. Sin embargo, también se hizo más presente una distinción de corte clasista en estas acciones. A mediados de los sesenta, la disputa política entre el Frente de Acción Popular y los sectores más conservadores de la sociedad, ocasionó la polarización de estas acciones de mujeres, de izquierda y de derecha. Las mujeres de derecha se instalaron en la escena política mediante un discurso tradicionalista y conservador en cuanto a lo que respecta a los roles de género, y anticomunista. Así también, los sectores de izquierda tuvieron su articulación en torno a la defensa del FRAP por mejoras en las condiciones de vida. Esta tensión se vio profundizada en los primeros años de la década de los setenta, por el triunfo obtenido por Salvador Allende, perteneciente a la Unidad Popular, donde las concurridas marchas, tanto de derecha como de izquierda, aumentaban el clima de tensión.
 
La Dictadura militar llega en el año 1973 a romper con todas las dinámicas anteriormente descritas, mediante el autoritarismo y la imposición de nuevas lógicas sociales y políticas el clima nacional, principalmente para los sectores subalterno de la sociedad, fue de violencia y represión constante. Es en este momento en el que se articula una relevante organización femenina desde los sectores populares reprimidos, el movimiento de pobladoras, que logró estructurar un espacio social en contexto de lucha social.
 
Este movimiento de mujeres ha sido uno de los más relevantes a lo largo de la historia chilena, siendo el que cuenta con mayor cantidad de producción histórica con respecto al movimiento de pobladoras. A continuación realizaremos una revisión sobre esa teorización, observando cómo se ha construido un relato histórico a partir de las experiencias femeninas en la lucha social y política desde las poblaciones en contexto de represión y violencia social.
El Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH).
Elena Caffarena dando un discurso.
3. El movimiento de mujeres pobladoras en Dictadura
 
El movimiento de pobladores a lo largo del siglo xx ha sido uno de los temas de análisis más relevantes para los historiadores e historiadoras del país, debido a que modificó las lógicas de los actores sociales en la lucha contra la dominación y la explotación que usualmente habían sido protagonizadas por obreros y obreras. “Los procesos a través de los cuales los pobladores o ‘los pobres de la ciudad’, modificaron sus formas de pertenencia a ésta, expandieron sus capacidades organizativas e interactuaron con el sistema de partidos políticos y el Estado, hasta constituirse en un actor social, capaz de influir en la satisfacción de sus necesidades.”8Es así como los sectores populares en Chile durante el siglo xx lograron adquirir conciencia con respecto a su situación de explotación y opresión. Las tomas de terreno y la configuración de un nuevo imaginario espacial y social por medio de la acción de los pobladores, ocasionó gran revuelo durante las décadas de los sesenta y setenta, principalmente por la organización política que estos adquirieron en conjunto con los partidos políticos de izquierda. Sin embargo, estas acciones se vieron escindidas con el Golpe de Estado y la posterior Dictadura instalada en el gobierno de Chile desde el año 1973. Los pobladores en general sufrieron un ambiente de represión constante, con torturas, desapariciones y ejecuciones de hombres militantes por parte del aparato estatal, precarizando aún más las condiciones de miseria en las que habitaban. Hombres y mujeres que participaban activamente en política fueron fuertemente reprimidos, sin embargo, “para las mujeres es menos peligroso que para los hombres involucrarse en organizaciones porque el gobierno las considera menos politizadas, por tanto, menos peligrosas y esto produce que dispongan de mayor espacio de maniobra.” 9
 
A raíz de todo este proceso de violencia sistemática, las mujeres dedicadas a las labores domésticas se ven en la necesidad de una nueva articulación para la subsistencia de sus familias y cercanos. “En el caso de los problemas de sobrevivencia y de derechos humanos son las mujeres las primeras que se sintieron afectadas, son ellas quienes tienen la primera responsabilidad hacia la familia y quienes se vieron confrontadas con la muerte o desaparición del marido, hijo, hermano, padre, etcétera. En la decisión de organizarse también influye el papel que juega la mujer en la sociedad, rol asumido por las organizaciones de base que «se dedicaban a problemas que tenían que ver con las tareas tradicionales de las mujeres».”
 
Es así como podemos observar en el movimiento de pobladoras un movimiento de lucha y resistencia en contra de las avasalladoras dinámicas dictatoriales del momento, las que profundizaron sus condiciones de explotación y marginación en la sociedad chilena. Las mujeres pobladoras lograron establecer un camino fundamental desde su organización y articulación para proyectar las bases de un siguiente proceso democrático en el país10. ¿Cómo se ha construido este relato histórico del movimiento de mujeres pobladoras durante las últimas décadas?
 
La sistematización de las experiencias de las mujeres pobladoras ha sido fundamental para la construcción de libros y textos sobre su movimiento, así lo describe Rosa Quintanilla: “tratando de rescatar la palabra escrita para nosotras, apropiándonos de algo que hasta el momento nos estaba vedado […] Aquí hablamos de nuestra experiencia de vida, de nuestras luchas, de cómo hemos sobrevivido en estos años de opresión, ideando y ganando espacios para desarrollarnos como personas, creando organizaciones, ayudando a que éstas se consoliden, aportando con nuestra creatividad, sabiduría y sensibilidad.”11 Ante la ausencia de una metodología (debido principalmente a la ausencia de la historia sobre las mujeres), se vuelve fundamental rescatar testimonios y experiencias de aquellas mujeres pobladoras que lograron articularse para la sobrevivencia. “es necesario retomar, como antecedente de su organización, las formas históricas de acción colectiva que se han dado las mujeres en nuestro país y desde las cuales arraigan las experiencias analizadas. El quehacer de las pobladoras organizadas recupera diversos modos de acción, anclados en un desarrollo que ya es memoria histórica.”12
 
Es importante recalcar que el movimiento de mujeres pobladoras durante el período de dictadura tuvo tres ejes fundamentales de acción y organización, que son establecidos por Marisa Revilla: organizaciones de subsistencia, organizaciones reactivas y organizaciones con reivindicaciones de género.13
 
Las primeras se ligan principalmente con las ideas de sobrevivencia desde los roles tradicionales de género, donde la mujer tuvo que velar por organizarse para satisfacer las necesidades mínimas de sus familias:
 
“Mi marido estuvo seis años sin trabajo. Llegamos a pedir pan duro porque no había qué darle a los cabros chicos. Fue desesperante. Estábamos tan desesperados que a veces él tenía ganas de salir a cogotear. Después yo tuve una neurosis que pasaba todo el día dopada […] El comedor infantil se formó a principios del 75. Los de la comunidad cristiana averiguaban quiénes estaban mal y la iban a visitar para que pusiera a los niños en el comedor. […, pero] los niños no se acostumbraban al comedor. No querían ir. No querían ir […] El taller era la única esperanza. Todo era desconocido, nunca había estado en una organización […] Decidimos ser lavanderas porque pensamos que aunque todo el país estaba como la mona, la gente de una manera u otra tenía que mandar a lavar.” 14
 
El segundo tipo de organización definido por Revilla se enfoca en los actos en defensa de los derechos humanos debido a los constante atropellos que se habían realizado desde el Estado mediante persecuciones, detenciones, torturas, desaparición y ejecuciones de familiares y personas cercanas:
 
“Pasó el tiempo y llegó el año 1983, año en que el pueblo salió a la calle a gritar el sufrimiento acumulado por 10 años. Protestas, paros, movilización social, radios que se atreven a decir lo que pasa, revistas que anunciaban en la portada que el pueblo había despertado, que los atropellos a los derechos humanos se mantenían, que los desaparecidos son miles, miles también los presos políticos, los ejecutados en falsos enfrentamientos, los exiliados, la cesantía, etc. Las necesidades que nuestro pueblo tenía que denunciar eran muchas […] En el año 1976 vivía en Peñalolén Alto, cuando me hice miembro de la Iglesia, o sea, me confirmé y pasé tener voz y voto. A partir de esta decisión, fui encauzando mi vida dentro de todo lo que es la Iglesia y su compromiso social.”15
 
La tercera organización refiere a prácticas que se acogieron a reflexiones feministas para reivindicar la identidad de las mujeres:
 
“- Impulsar con el esfuerzo mancomunado de diversas entidades femeninas y mujeres individuales, la lucha del pueblo chileno por el restablecimiento de la institucionalidad democrática, el respeto y plena vigencia de los derechos de la persona humana.

 

– Promover una vasta acción comunitaria a nivel de las distintas organizaciones de mujeres y de la comunidad entera, de denuncia y eliminación de todas las formas de discriminación que se ejercen sobre la mujer.

 

– Vincular a las mujeres chilenas con el movimiento femenino internacional, no sólo con el que se refiere a reivindicaciones específicas, sino también en su aspecto más universal: la lucha por todas las formas de la paz, y la lucha por la armonía de la vida humana con el ambiente natural.” 16
 
De este modo observamos que en su mayoría, el relato estructurado en torno a la historia de las mujeres ha sido levantado mediante la recopilación de experiencias y testimonios de las pobladoras en los años de dictadura. En ellos se evidencia cómo la concientización (mediante la reflexión compartida y colectivizada) de una situación común, como la represión, la violencia, la pobreza, la marginación, las llevaron a conformar una organización colectiva para el cambio y la acción social transformadora de la realidad autoritaria y represora del momento. “Insertas en este marco, muchas mujeres, buscando soluciones a sus problemas, se dieron cuenta que la mejor manera de vender el miedo era juntándose con otras, pues todas sufrían lo mismo. Otras, por si lado, se dieron cuenta que las organizaciones a las que pertenecían no les eran de utilidad: la situación había cambiado. Se sintieron incómodas en ellas (como ocurrió con muchas de las mujeres que participaban en centros de madres), de modo que comenzaron a buscar nuevas formas de organización.” 17.
Revista Nos/otras. Fondo Isis Internacional. Archivo Mujeres y Géneros.
3. Insistimos
 
El patriarcado como el sistema social de superioridad del hombre sobre la mujer, caló hondo en todas las dimensiones de las sociedades. La limitación de la acción femenina a un espacio doméstico y de reproducción ocasionó la permanente invisibilización de la mujer como una actora social dentro de las distintas dinámicas tanto económicas como culturales y políticas. El discurso historiográfico oficial se encargó de profundizar este fenómeno, omitiendo de la historia a las mujeres.
 
Ante ello la articulación y organización de las mujeres ha sido fundamental para construir una nueva identidad en la que ellas mismas se consideres actoras sociales y gestoras de la transformación social. Para ello, las acciones colectivas de reflexiones han evidenciado que la situación de subordinación y marginación en las mujeres es una experiencia común, lo que las ha llevado a las acción concreta del cambio social. La praxis colectiva en las mujeres es el pilar fundamental de sus prácticas sociales de liberación.
 
La historia reciente ha intentado demostrar este fenómeno mediante la historización del movimiento de mujeres pobladoras que se desarrolló en Santiago de Chile en el período de Dictadura militar entre los años 1973 y 1989. Esta producción de conocimiento en su mayoría se ha realizado por las mismas mujeres militantes del movimiento, quienes han pretendido rescatar sus experiencias y memorias a partir del testimonio, en una forma de construir un conocimiento a contrapelo del discurso oficial, tomando la voz que durante tantos siglos se les había negado desde la hegemonía social e institucional. Queda un gran desafío por delante para llenar los vacíos que en cuanto a historia de mujeres respecta. Es nuestro rol como historiadoras comenzar a unir hilos, memorias y experiencias que den cuenta de la acción y la reflexión de nuestras mujeres pasadas y presentes.
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[Portada] Rayado Mujeres Creando, La Paz – Bolivia.

Notas:

  1. Mc Dowell, Linda, Género, identidad y lugar. Un estudio de las geografías feministas. Ediciones Cátedra, Madrid, 1999, p. 32-33.
  2. Entenderemos que un espacio social se constituye mediante dinámicas y relaciones sociales, es decir, el territorio en disputa constante, se estructura mediante los intereses de los grupos hegemónicos, en este caso, los hombres.
  3. Modonesi, Massimo, Subalternidad, antagonismo y autonomía. Marxismo y subjetivación política. CLACSO, Buenos Aires, 2010, p. 26.
  4. Soto, Paula, Sobre género y espacio: una aproximación teórica. Sin editorial, Sin ciudad, Sin año, p. 89.
  5. Observatorio de Equidad de Género en Salud: Violencia de Género en Chile, Biblioteca OPS/OMS, Santiago, 2013, p. 15.
  6. Apuntes sobre la clase. Cita de Joan Scott en Género e Historia.
  7. Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena, MEMCH, http://memch.cl/
  8. Garcés, Mario, Tomando su sitio, El movimiento de pobladores de Santiago 1957-1970, LOM Ediciones, Santiago, 2002, p.13.
  9. Van Dam, Anke, El encuentro entre ONG y pobladoras: las organizaciones de mujeres en Santiago de Chile, Santiago, p.86.
  10. Valdés, Teresa, Weinstein, María, Organizaciones de pobladoras y construcción democrática en Chile, FLACSO, Santiago, 1989.
  11. Quintanilla, Rosa, Yo soy Pobladora, Taller PIRET, Santiago, p. 15.
  12. Valdés, Teresa, Weinstein, María, Mujeres que sueñan: Las organizaciones de pobladoras en Chile 1973-1989. FLACSO, Santiago, 1993, p. 26.
  13. Revilla, Marisa, Las organizaciones de mujeres en Chile: entre la subsistencia y la construcción de una identidad, p.28.
  14. Taller de Lavandería, Taller de Acción Cultural, Lavando la Esperanza, Vivencias populares, Santiago, 1986.
  15. Quintanilla, Rosa, Yo soy Pobladora, Taller PIRET, Santiago.
  16. Declaración de Principios de la Constitución del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer MEMCH’83. Santiago de Chile, 13 de Julio de 1983. http://www.archivomuseodelamemoria.cl/index.php/186488;isad
  17. Toro, María Stella, Fragmentos de una historia por contar: Las coordinaciones de talleres de la mujer pobladora Lilith y San Rafael (Comunas de San Joaquín y La Pintana, Santiago 1974-1995, p.1.
Valentina Abarca
vjabarcag@gmail.com