“El Caribe no es solamente Cuba”. Una conversación con Rodrigo Quesada Monge

Rodrigo Quesada Monge nació en Costa Rica en 1952. Hoy jubilado, trabajó en la Universidad Nacional de Costa Rica por más de treinta años, lugar desde donde situó una prolija y prolífica producción intelectual. El pensamiento político, el pensamiento económico y la literatura forman parte de esas constantes, esos momentos ineludibles que aparecen insistentemente en la obra de Quesada, sin embargo, siempre con un mismo horizonte y pretensión: el análisis de la situación centroamericana, caribeña y antillana dentro de los márgenes del desarrollo imperialista del capitalismo. Así, por ejemplo, La fantasía del poder. Mujeres, imperios y civilización (de 2001) y La lógica de la nostalgia (imperial). Literatura y política en el siglo XX (de 2015), no son investigaciones ajenas una de otra, como podría suponerse por cuestiones de formalidad.

 

Rodrigo Quesada visitó Chile a fines de junio de este año para presentar Rosa Luxemburgo. Utopía y vida cotidiana, publicado por Nadar Ediciones. El libro, una biografía más o menos heterodoxa de la vida, el pensamiento y las repercusiones de Rosa Luxemburgo, no se ciñe del todo a lo que tradicionalmente se espera de una investigación monográfica. Ya en las primeras páginas Quesada ofrece márgenes, claves de lectura que hilan un amplio entramado de perspectivas y proyecciones teóricas y políticas que, de haber tenido algo más de páginas (aunque el libro ya tiene más de cuatrocientas), bien podrían haber tenido vidas propias. Hay una vieja costumbre, bien o mal ponderada, que supone comenzar los libros por sus capítulos iniciales, evitando prólogos e introducciones. Así el libro se lee de una vez. Sin embargo, esa misma costumbre entiende prólogos e introducciones como conclusiones antepuestas, y así el libro se lee otra vez. En ese momento aparecen las claves, las pretensiones, la suposición de una hermenéutica posterior. Hay en esta tradición un juego entre lo que el libro dice y lo que el autor quiso decir, entre lo que el lector lee y lo que el lector puede leer. Esa idea fascinó a Roland Barthes.

 

            Algo hay de esto en el libro de Quesada. Una pretensión hermenéutica que hace que el libro sea dos obras: “Cabe suponer que sin las ideas y las acciones de Rosa Luxemburgo en su época, sería difícil comprender la historia social revolucionaria de los procesos que tuvieran lugar en naciones como Argentina, Chile, Venezuela, El Salvador, Nicaragua, Bolivia y Guatemala, durante los años ochenta del siglo XX. Es de temer que, con la vista fija en Europa, no se puedan lograr avances importantes en la historiografía de los movimientos sociales en América Latina, puesto que su especificidad no explica la ignorancia o la «invisibilización» que a veces se aplica”, por parte de los mismos autores latinoamericanos, a lo sucedido en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras, durante la segunda parte del siglo anterior. Tal vez habría que recordarles que “el Caribe no es solamente Cuba”. Paradójico, quizás. Pero de lo que se trata aquí es justamente sostener ese diálogo entre la escritura y la lectura. Lo que escribió Luxemburgo y lo que leyó Quesada, lo que escribió Quesada y lo que leemos cuando leemos.
 

 
A: Hay en su libro una tesis central, que está en la línea de sus investigaciones anteriores sobre una crítica al comportamiento imperialista del capitalismo entre los siglos XIX y XX, pero hay también un conjunto de pequeñas provocaciones que me parece apuntan a discusiones propias de los contextos caribeño y antillano, discusiones que a momentos trascienden el aspecto prioritariamente biográfico y teórico de la obra de Rosa Luxemburgo. Un conjunto de provocaciones que apuntan a la situación contemporánea de la crítica de Luxemburgo. Quizás exagero.

 

R: No, no, de ninguna manera. Esto lo comentaba también el día de la presentación del libro, que cuando se habla por ejemplo de la historia de la Guerra del 98’, la mayor parte de los historiadores ―incluidos los españoles―, omiten por completo las Antillas. La convierten en una guerra entre España y Estados Unidos, y uno inmediatamente se pregunta por qué, si, por el amor de Dios, la guerra se hizo por Cuba, por Puerto Rico, por el Pacífico, por las Filipinas. Hay una tendencia en la historiografía caribeña, en la historiografía centroamericana que apunta a recuperar esa complejidad, y entonces ahora hablamos de guerra Hispano-Antillano-Norteamericana. Esto porque hay que tomar en cuenta a nuestra gente, hay que incluirla.

 

A: Esa omisión, deliberada o no, incide directamente en la historiografía oficial, incluso en la documentación gubernamental…

 

E: Por cierto. Si le hablo concretamente del caso puertorriqueño, sí. Hay algunos historiadores cubanos que ya utilizan estos términos, y hay historiadores filipinos en eso también, porque hay que empezar a recuperar esa parte completamente invisibilizada por el imperialismo norteamericano. Yo no necesito contarle a usted lo que ha sido la historia de intervenciones de los Estados Unidos en América Central y el Caribe. El imperialismo es algo muy vivencial, muy cotidiano. Si usted revisa la historia de El Salvador por ejemplo, sucede algo muy particular. El Salvador es un país pequeñito, de 21.000 km², pero tiene una historia muy aguerrida, es un pueblo luchador, tan batallador que comienza su movimiento independentista en 1808, mucho antes que ustedes, antes que Chile y que Argentina. Hay ahí una larga tradición de una América Central revolucionaria, y eso hay que recuperarlo. Pero, también hay que traer a América Central, hay que traer al Caribe aquella gente que ha reflexionado sobre el imperialismo, hay que traer a nuestro contexto a Rosa Luxemburgo, y también a Lenin. Ya se ha entrado en una etapa en que hay gente que no quiere hablar de imperialismo, gente que busca eufemismos para obviar el imperialismo. Los eufemismos han penetrado mucho en la academia universitaria. Hay historiadores, que yo conocí en el pasado, que eran gente muy batalladora, grandes luchadores, y que ahora están perfectamente acomodados. Ya no te hablan de imperialismo, ya no te hablan de la tradición revolucionaria de América Central.

 

A: Esa tradición revolucionaria invisibilizada responde a condiciones muy específicas, propias de Centroamérica, del Caribe, de las Antillas, pero no son necesariamente condiciones excepcionales. Hay un afán, una tentación política e ideológica que a momentos busca la singularidad de los procesos en una suerte de excepcionalismo, un excepcionalismo que a la larga disocia las historias locales de los contextos globales.

 

E: Exacto. En Costa Rica, por ejemplo, defendemos la excepcionalidad, que somos diferentes al resto de América Central. Eso es completamente falso, es ideológico y tiene un altísimo contenido propagandístico, un altísimo contenido ideológico que los sectores dominantes de la gran burguesía capitalina logró promover. Costa Rica obtiene la independencia allá por 1821, pero hay todo un debate sobre el momento, pues no se sabe si fue realmente en septiembre o si fue en octubre. Es absurdo ese debate, pero se da. Luego hay una invasión norteamericana muy importante en el 56’, que tratan de convertir a toda la región centroamericana en un punto de abastecimiento de esclavos, momento en que no hay que perder de vista que está muy próxima la guerra civil en Estados Unidos, la del 61’. La resistencia a esa invasión algunos la llaman “La gran guerra patria”, porque esa guerra unificó en alguna medida a sectores cafetaleros dominantes en Costa Rica y en el resto de América Central. Ahí empezó a crearse una especie de mitología, toda una cultura y una educación respecto a la excepcionalidad de Costa Rica. Ahí juega un rol fundamental el presidente costarricense de ese periodo, Rafael Mora Porras. Sin embargo, la clase dominante de Costa Rica realmente empieza a consolidarse como tal a partir de 1884, desde entonces se escucha hablar de la excepcionalidad del costarricense. Ahora bien, en estos momentos tenemos una migración nicaragüense impresionante, tenemos más de un millón de nicaragüenses en el país, tenemos venezolanos en grandes cantidades, colombianos y cubanos, y lo digo sólo para dar un ejemplo de lo que es la multiplicidad étnica en Costa Rica, que pone en juego esa pretensión de excepcionalidad.

 

A: Pero cuando hablamos de multiplicidad lo hacemos desde unidades. Unidades diferenciales, claro, pero unidades al fin y al cabo.

 

R: Esa es la razón justamente por la que es necesario recuperar el aparataje teórico de una figura como Rosa Luxemburgo en relación al problema del imperialismo en un área como América Central, que implica hablar de América Central como una unidad. Aquí ya no tiene sentido seguir fomentando la excepcionalidad, que somos blanquitos, que tenemos un origen español, que somos de ojos azules, eso es simple y pura basura ideológica. Pensé el libro en este contexto, precisamente para tratar de hacerle llegar al lector ese utillaje teórico. Por supuesto que la intención también era recuperar a esta gran mujer, una mujer inteligentísima, de un pensamiento revolucionario increíblemente beligerante, de un utillaje teórico que permite entender muchas de las relaciones financieras entre América Central y los grandes imperios de la segunda parte del siglo XIX, pues la inserción de América Central en el mercado mundial debe ser comprendida precisamente a través de la manipulación de las inversiones y, en esto Costa Rica tampoco es una excepción. Por ejemplo, en relación a la manía ferroviaria Costa Rica está en la misma situación que India, Australia y Nueva Zelanda, como también lo está Chile en el siglo XIX. Costa Rica empieza a construir su ferrocarril allá por 1871 y lo culmina 20 años después con un costo humano altísimo. Ahora, ese costo humano se vuelve irrelevante porque se asume que el ferrocarril es sinónimo de progreso.

 

A: Esa confianza en el progreso está presente en prácticamente todo el imaginario político y científico del último cuarto del siglo XIX, a nivel continental y mundial, pero es una confianza tan ideológica como institucional. Es una confianza impuesta.

 

E: Pues claro, podemos decir que es una confianza que se impone y se sostiene. A esos 20 años fatales de la manía ferroviaria le siguen las dictaduras. La democracia costarricense es muy joven. Antes de 1948 no hay realmente una democracia propiamente dicha. Entre 1860 y 1948 aproximadamente tenemos un periodo repleto de golpes de Estado, de militarotes, tenemos un país gobernado en los años 80’ del siglo XIX por una alianza entre los grandes barones del café, como los llamaban los brasileños, y los militares. Los militares tumban a quien quieren o no quieren. Aquí es dónde insisto en recuperar a Rosa Luxemburgo y decir que tenemos ahí una caja de herramientas realmente valiosa, una metodología para poder entender las relaciones entre Gran Bretaña y América Central. Yo no razono Costa Rica, yo trato de razonar, hasta donde me es posible, desde la perspectiva biográfica, a veces a uno se le sale el nacionalismo inevitablemente, se asoman esas pezuñas inevitablemente…

 

A: Ahí la tentación del nacionalismo no es del todo diferente a la tentación del excepcionalismo. Sin embargo uno podría hablar de un nacionalismo metodológico, una especie de nacionalismo no-nacionalista. Eso implicaría, por ejemplo, hablar de nacionalismos provisorios o circunstanciales, hablar desde lo que ha sido y sucedido, como una suerte de constante invitación al contexto y la situación.

 

R: Pues claro, porque uno invita al lector centroamericano y caribeño en ese sentido. El libro tiene ese propósito pedagógico, mostrar que aquí hay una caja de herramientas interesante, que hay una metodología interesante para poder comprender las relaciones en la sierra de Centroamérica central y el imperio británico, por ejemplo, durante la segunda parte del siglo XIX. Hay una caja de herramientas interesante para formular una teoría respecto a ese acomodo tan extraño que se produce en la economía costarricense al mercado mundial, porque Costa Rica no figura sino a partir del momento en que comienza la exportación cafetera. Por ejemplo, nosotros hemos estado exportando café a Chile prácticamente desde principios del XIX, Chile era el principal comprador de nuestro café, sin embargo, Costa Rica no figura en el mercado mundial hasta el momento que empieza a exportar café a Gran Bretaña. Perdón, una precisión, hasta el momento en que Costa Rica le vende café a Gran Bretaña y Gran Bretaña lo revende.

 

A: Hay un paralelismo entre este relato histórico del siglo XIX costarricense y lo que podríamos entender como el siglo XIX en Chile, asumiendo incluso momentos más o menos coincidentes, momentos que uno podría rastrear a nivel continental. Los años 60’ inauguran también en Chile esa euforia ferroviaria asociada a una ascendente burguesía capitalina. Una burguesía que, heredera de Portales, pero ahora de la mano de Vicuña Mackenna, le disputa la conducción de una república hipotéticamente liberal a Concepción, a Valparaíso y a Coquimbo, a las grandes ciudades portuarias previo a la anexión de Antofagasta y la inauguración del llamado ciclo salitrero. Esa burguesía se entiende descendiente de vascos y gallegos, se entiende desde la excepcionalidad. Y esto no es diferente a lo que sucede paralelamente en Argentina y Brasil.

 

E: Exactamente, exactamente.

 

A: Aquí el problema también está en el norte. Cuál es el problema del norte, que Chile necesita invadir Perú y Bolivia para financiar su proyecto civilizatorio, y aquí se cruzan dos momentos interesantes del imperialismo en Chile. Después de la independencia formalmente constituida, Chile cede el control portuario y aduanero a irlandeses e ingleses como «recompensa» por sus servicios militares. Esta misma cesión portuaria y aduanera se repetiría tras la recomposición geopolítica que derivó de la anexión de Arica y Antofagasta. En el primer momento enfrentamos un escenario en el cual se constituye aparentemente el gentle imperialism inglés en Chile, el imperialismo informal inglés de la pax britannica victoriana, pero en el segundo momento ese mismo imperialismo incidirá directa e indirectamente en la transformación del Estado propio del ciclo salitrero de 1880-1930. Estos paralelismos, estos trazados análogos comunes continentales, son importantes justamente porque apuntan a la precisión teórica y metodológica. Es el mismo problema de la pregunta por lo explicativo y representativo que son realmente categorías como las de independencia, gentle imperialism o imperialismo informal. Pero, más importante aún, entra en juego también la representatividad de las categorías de la economía política, y de la crítica de la economía política. Creo que esto es lo que está en juego constantemente en la biografía de Rosa Luxemburgo. No sólo en la biografía que usted propone desde y para América Latina y el Caribe, sino también en la posición de Rosa Luxemburgo dentro de los márgenes de la socialdemocracia alemana de comienzos del siglo XX.

 

E: Eso es justamente lo que tenemos que discutir. Y vea ahora que usted está refiriéndose al caso de la segunda parte del siglo XIX. Costa Rica es un caso realmente trágico en ese sentido: por ejemplo, hay una figura que es clave, un inversionista norteamericano fundador de la United Fruit Company, Minor Cooper Keith. En Costa Rica y en el resto de América Central se le considera un héroe, eso yo no lo entiendo. Mire que Tomás Guardia, dictador por más de veinte años, endeuda al país de una manera espectacular para poder construir el ferrocarril, y en aquella época el mercado de valores es un mercado sumamente volátil, todo el mundo, cualquiera prácticamente, puede meter las manos y decir lo que se le da la gana. Se fundan empresas que desaparecen el mismo día. Bueno, Minor Cooper Keith conoce muy bien los entretelones de ese mercado financiero, se alía con grandes ingenieros muy conocedores de la geografía de América Central y fundan la United Fruit Company, allá por 1899. Carlos Luis Fallas es uno de los pocos escritores traducidos a prácticamente todos los idiomas del planeta, precisamente por ese libro [Mamita Yunai, 1941] que narra la forma en que la United Fruit Company negoció el asunto del banano con los gobiernos, pero del banano no solamente en Costa Rica sino en toda América Central y todo el Caribe. Esto es una analogía de lo que usted estaba refiriendo hace un rato sobre la capacidad de entreguismo, de esa enorme vocación entreguista que tenemos en el continente. Costa Rica le regala, prácticamente, entre el 10 y 13% de las mejores tierras a la United Fruit Company, no le cobra impuestos, le cede derechos especiales, le permite hacer y deshacer con el proyecto ferroviario, meter trabajadores, campesinos y extranjeros. Aquí llegan italianos y españoles, que van a introducir en Costa Rica una enorme cantidad de ideas anarquistas y van a radicalizar los movimientos de trabajadores. Como usted decía, efectivamente se pueden rastrear recorridos análogos continentales.

 

A: Pero aquí estamos ante más de uno o dos recorridos análogos. Por ejemplo, y si retrasamos un poco el relato, ¿hay incidencia de los italianos y españoles expulsados de París, así como la hay en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil?

 

E: ¿Después de 1871? Usted empieza encontrar noticias a la altura de 1877, pero se deben a la construcción del ferrocarril en 1871. Una de las primeras huelgas importantes que se hacen en el país se remonta a 1877, es una famosa huelga impulsada particularmente por la zona italiana, que estalla por las condiciones de subsistencia y trabajo de los trabajadores migrantes, jamaicanos y culíes chinos. Trabajadores de ese otro mundo que es el trazado del ferrocarril. Ese otro país, totalmente separado de lo que sucede en el resto de Costa Rica. Vea que lo que quiero comunicarle es que la economía costarricense es una economía sumamente fragmentada y que algunas tesis de Lenin nos ayudan a comprender, sobre todo en relación a la geopolítica del sistema capitalista. Sin embargo, la mujer que se sentó a trabajar esto fue Rosa Luxemburgo. Cómo uno analiza una economía desintegrada, cómo unificamos los componentes para poder entender esa economía es algo que le debemos a la interpretación crítica que hace Rosa Luxemburgo del segundo volumen de El Capital. Ahí hace lecturas vertebrales del problema de la transferencia de capitales. Rosa Luxemburgo llama la atención sobre algo clave: el capital que se está transfiriendo no es un capital que se transfiera inocentemente. Me explico un poco. En Costa Rica usted va a encontrar que gran parte del capital que construye el ferrocarril es inglés, pero en un momento determinado el imperio norteamericano le va a marcar la pauta al imperio inglés, y ahí usted encuentra que desde aproximadamente 1850 en adelante, a partir de 1852 para ser precisos, los ingleses le van a decir a los norteamericanos “no, háganse cargo ustedes de esa zona, esa zona les pertenece a ustedes, administren ustedes esa zona porque nosotros nos vamos para el extremo oriente, nosotros vamos para la India”. A partir del 52’ usted empieza encontrar que son precisamente los norteamericanos los que se hacen cargo de esto y empieza a encontrar un nivel de penetración continental realmente impresionante. Por ejemplo, Minor Cooper Keith se hace cargo de la deuda de Costa Rica, esa deuda se adquiere en 1871 y no estamos concluyendo de pagarla hasta un siglo después. Hubo guerras civiles en diferentes momentos y hubo invasión extranjera justamente por las disputas de administración y ganancia de esa deuda. Precisamente por esto hay que volver a Rosa Luxemburgo, hay que recuperar a Lenin, hay que recuperar a Trotski, hay que recuperar a los grandes geógrafos anarquistas.

 

A: Recuperar a Luxemburgo, a Lenin y a Trotski no para el marxismo, el leninismo o el trotskismo, sino para el imaginario antiimperialista y, aún más, no para cualquier antiimperialismo, sino para uno situado en una zona específica de la geopolítica del capitalismo. Esa parece ser una de las pretensiones de la biografía.

 

R: Esa fue la intensión al menos, pero no es fácil. Por ejemplo, es muy difícil con Lenin, porque a estas alturas tiene demasiadas capas, tenemos un Lenin muy deformado. Y qué decir de Trotski. Paradójicamente es más fácil con Rosa Luxemburgo porque no figuró del todo en la historia del marxismo. Sin embargo, es con ella que podemos pensar metodológicamente la situación histórica del antiimperialismo. Por eso es que yo hago referencia en el trabajo a que en el Caribe hay una tradición antiimperialista, una lucha, una tradición de lucha antiimperialista realmente importante. En Puerto Rico hay dos figuras que son claves, que son Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, sin estas dos figuras no se puede entender la lucha anticolonialista en Puerto Rico. Y quiénes son estos dos viejos, estos dos viejos son, digámoslo así, grandes discípulos de José Martí. Usted encuentra que las palabras de José Martí en un momento determinado, cuando decía que las luchas antiimperialistas en el Caribe son luchas prácticamente de todas las Antillas, están perfectamente ligadas a lo que está sucediendo en el pacífico con las Filipinas.

 

A: Aquí se cruzan algunas dimensiones, pues ya no se trata sólo de esas unidades analíticas, diferenciales, que nos permiten dejar de lado las tentaciones de los nacionalismos y los excepcionalismos, sino también de esa singularidad relativa, más o menos autónoma, de los movimientos nacionales de liberación, de los movimientos antiimperialistas caribeños y antillanos, que no por ser nacionales son necesariamente nacionalistas, una diferencia que ya habíamos mencionado.

 

E: En esto tiene usted razón. Por ejemplo, en Costa Rica hay gente, políticamente hablando, muy decente. Me refiero con esto a que hay gente muy consecuente, pienso en la gente de la vieja guardia del partido comunista. El partido comunista costarricense fue fundado allá por 1931, y recoge en gran parte la tradición anarquista de Costa Rica. Una modesta tradición anarquista, porque en Costa Rica realmente no hubo una tradición anarquista del vigor que tuvo en Chile por ejemplo o de la beligerancia que tuvo en Argentina y Uruguay, en Costa Rica el anarquismo es absorbido por los comunistas en el 31’. Son absorbidos porque el movimiento artesano obrero ―como le dice Mario Oliva, un historiador chileno que vive en Costa Rica y que ha estudiado muy bien el tema― antecede considerablemente a la fundación del PC. Sucede que el PC es parte de una estrategia continental que entra en conflicto con gente como Sandino. Mucha gente dice que Sandino era marxista, que aquí que allá, pero por favor, él nunca hizo referencia concreta a eso, la lucha de Sandino es la lucha del pueblo antiimperialista. Nicaragua es un país invadido por los gringos en el 12’, en el 26’, en el 27’, por favor. La derrota de la dictadura en el 79’ es prácticamente parte de una derrota de la estrategia del imperio en la zona, hay gente muy consecuente con esto y que continúa manteniendo una posición antiimperialista, una posición, digámoslo así, de recuperación de los derechos de los trabajadores, de sostener los derechos de los trabajadores. Entonces, los contextos nacionales son importantes en el análisis y en las luchas antiimperialistas, pero hay que evitar la tentación de los nacionalismos, como usted dice. Ahora, también hay otro problema en esto. Ha habido alguna otra gente, no tan consecuente, o no tan decente si me permite decirlo, que ha empezado a acomodarse, que ha empezado a ajustarse, y esto también se ha dado en algún sector de la academia, que ha modificado su lenguaje.

 

A: Como el desuso de categorías como imperialismo o crítica de la economía política.

 

R: Exacto. Es que la gente cree que la modificación de lenguaje es una cuestión inocente y no lo es, si usted modifica su lenguaje es porque algo está cambiando en la cabeza. Hay una modificación importante de ese lenguaje, sin embargo, dentro de esa misma academia hay gente que ha estado haciendo una investigación realmente importante respecto a la guerra del 56’, la que ya le mencionaba. ¿Por qué es tan importante entender la invasión filibustera en 1856? Bueno, es importante entenderla por razones metodológicas, por razones teóricas, por razones políticas, por razones ideológicas, etc. Sin esa invasión del 56’ usted va a tener problemas después, por ejemplo, para entender la invasión a Panamá en 1989, esa cosa absurda, esa cosa terrible del ciudadano panameño promedio recibiendo a las tropas norteamericanas con una banderita ¡por el amor de Cristo! Bueno, si quiere comprender eso, usted tiene que comprender lo que sucedió en el 56’, ese tipo de comparaciones historiográficas las hace Rosa Luxemburgo de una manera extraordinaria. “¡Por favor!” dice uno, aquí está todo, cómo es que no se ha visto. Esa fue la intensión, vayamos a eso, hagamos pedagogía de estos materiales, saquemos a la luz a nuestros grandes viejos, saquemos a la luz a Sandino, saquemos a la luz a Ramón Emeterio Betances, saquemos a la luz al mismo Agustín Farabundo Martí, que prácticamente muere preso, humillado de una manera horrible, en esto nos ayuda mucho Rosa Luxemburgo.

 

A: Hay en Rosa Luxemburgo una pretensión por pensar, por referir momentos históricos y políticos como imágenes en una secuencia que se resiste a la causalidad, es lo que le permite las asociaciones por analogía. Sin embargo, es justamente la riqueza de esas asociaciones lo que nos remite al problema anterior, a la relación entre las unidades económicas del capital y la autonomía relativa de las luchas populares, obreras, antiimperialistas. Pero esto no es necesariamente una paradoja, puede pensarse perfectamente como una posibilidad, como la posibilidad de abrir el relato histórico hacia dimensiones que no son puramente reivindicativas del pasado, sino que son momentos de un presente ideológicamente omitido. Para América Latina y el Caribe, sin duda una de esas imágenes es Cuba, más allá del decurso que haya tomado la institucionalización de la revolución.

 

E: Sin duda, y creo que eso podemos ilustrarlo. Mire, en Costa Rica hay una reforma universitaria importante en 1957, llevamos a Costa Rica una gran cantidad de gente de España y la mayor parte de ellos eran ex discípulos de Ortega y Gasset, que tenía una relación muy ambigua con el franquismo, una cosa media confusa. Hubo un rector en aquel entonces, Don Rodrigo Facio, un rector realmente muy progresista. Pongo este ejemplo porque la Universidad de Costa Rica fue una de las primeras del país, hubo varias otras pero que abrían y cerraban. Nuestros intelectuales, los académicos, los abogados, se formaban fundamentalmente en México, en Chile y en Nicaragua. La Universidad de Costa Rica se funda en 1940, la Nacional, donde trabajé por 34 años, se fundó en 1973. Bueno, Rodrigo Facio es de los viejos socialdemócratas que abrió la Universidad el 57’, no de aquella socialdemocracia que fue indirectamente responsable del crimen de Rosa Luxemburgo. Facio es un viejo socialdemócrata y creía en una cosa fundamental que era la recuperación del verdadero papel jugado por el capital costarricense en lo que él calificaba como el mundo del café. Él es un economista que invita a una gran cantidad de reformistas y a gente de la vieja guardia del Partido Comunista para que formen parte de ese proyecto y se relanza la investigación de lo que hablábamos hace un rato respecto de la excepcionalidad del costarricense. En ese contexto la revolución cubana va a ser recibida en Costa Rica y en el resto de América Central como un porrazo, es un porrazo en el sentido que va fortalecer notablemente a una gran cantidad de organizaciones revolucionarias, no solamente en países tan proclives como El Salvador, Guatemala o Nicaragua, sino incluso en Costa Rica. Acuérdese que en Guatemala tuvimos entre 1944 y 1954 uno de los primeros gobiernos socialdemócrata y reformista, digámoslo así entre comillas, “más progresistas del continente”, hay una tradición revolucionaria importante en Guatemala y lo mismo se puede decir de El Salvador. Hay un lío muy importante a partir del 59’, y particularmente después de la invasión de bahía Cochinos, hay una toma de posesión importante en algunas organizaciones revolucionarias centroamericanas. Lo que quiero hacer aquí es rescatar el papel de las organizaciones revolucionarias en América Central, eso no hay que olvidarlo, una tradición importantísima, una tradición que recupera la larga tradición institucional del movimiento popular, y así se recupera también, se especifica, se decanta con mayor precisión el papel del capital cafetal en América Central, se empiezan a caracterizar con más precisión las circunstancias que dan pie a la relación entre las unidades económicas del capital y los movimientos nacionales, que es lo que de una u otra manera estamos discutiendo. La mención al proceso conducido por Facio apunta justamente a esto también, a no relativizar el papel del análisis, de la crítica, de la teoría dentro del recorrido de los amplios movimientos antiimperialistas.

 

A: Aquí aparece el otro momento que venimos conversando, la necesidad de una crítica de la economía política, marxista o no.

 

E: Exactamente, exactamente.

 

A: Cuando hablamos de economía política no estamos hablando de cruzar la política con la economía, la politología con la econometría, sino que hablamos de situar en un amplio espectro geopolítico los diversos recorridos y resistencias que el capital va concatenando. Porque aquí no está en cuestión una estrategia económica, productiva o distributiva, sino el entramado lógico y empírico que da forma al capitalismo realmente existente, en sus diversas formas “nacionales” o “continentales”. Digamos que lo que está en juego no es la política por sí misma, sino la efectividad de tal o cual política en los contextos específicos del desarrollo imperialista del capital. Problema que en gran medida llevó al quiebre de Rosa Luxemburgo y los espartaquistas con la socialdemocracia alemana.

 

E: Es justamente por lo que usted dice que hay un problema estratégico claro, que es el que plantea Rosa Luxemburgo: bueno, ¿creemos o no en el sistema capitalista? Hay que tomar una posición a este respecto con todas sus variantes, liberal, neoliberal, todo lo que usted quiera, pero el problema fundamental es la lucha contra el capital. Vea que es divertido esto, le voy a contar una anécdota. Aproximadamente a la altura del 17’ nosotros tenemos un presidente muy curioso, Alfredo González Flores. Es un presidente sumamente curioso al que se le ocurre introducir una cosa que es totalmente inaudita en ese periodo, que es una especie de impuesto al gran capital, imagínese, para poder más o menos otorgarle algún ritmo a la economía costarricense, para poder mantenerla a flote con respecto a lo que está sucediendo fundamentalmente en la economía norteamericana. Bueno, hay un golpe directo al capital ahí, y el capital simplemente se deshace del viejo, lo sacan del escenario, y ¿a quiénes llaman? A los militares, pero, ¿qué militares? Aquellos grandes militares de la generación del 17’ que habían empezado a quitar y a poner presidentes. En Costa Rica se hace una gran alharaca porque somos un país sin ejército, porque abolimos el ejército muy temprano, pero abolimos el ejército como una medida estratégica. José Figueres Ferrer, que es el principal dirigente del Partido de Liberación Nacional, decidió abolir el ejército simplemente porque le daba miedo que le hicieran un golpe del Estado, es decir que vamos a abolir el ejército porque ya sabemos la tradición que trae, de quitar y poner presidentes al servicio del capital. José Figueres, entre las primeras grandes decisiones que toma, es precisamente poner a los comunistas fuera de ley, manda a los comunistas a la clandestinidad, mucho de los grandes comunistas de Costa Rica mueren en el extranjero, por su sexualidad, por su militancia política etc., grandes escritores y grandes escritoras mueren en el exilio precisamente por eso. ¿Cuál es el objetivo? servirle al gran capital, ¿a cuál capital? al capital bancario, al capital cafetalero básicamente, y a una pequeña burguesía industrial que está pensando abrirse espacios. Ahora, la revolución cubana fue un ejemplo fundamental que implicó que los norteamericanos empezaran a implementar una nueva estrategia para poder contrarrestar esos movimientos, para poder contrarrestar ese impacto en el área. ¿Cuál es el ingrediente que apuntala todo esto? la simple y sencilla invasión militar. Guatemala tiene un presidente, tiene dos presidentes, dos administraciones sumamente revolucionarias entre el 45’ y el 54’. En 1954 se le da un golpe de Estado a Jacobo Árbenz porque al segundo gobierno revolucionario guatemalteco ―digámoslo así― se le ocurre la gran tragedia de cobrar impuesto a las tierras de la United Fruit Company que no estuvieran siendo utilizadas. Usted tiene grandes extensiones de tierra, pero no las está usando, entonces al hombre se le ocurre el atrevimiento de cobrar a usted impuestos por esas tierras. Ese es el motivo fundamental para el golpe de Estado. O sea, el capital tiene una enorme imaginación para descabezarlo a usted en cualquier momento, eso no ha cambiado, eso continúa igual en el presente. Pero también pasa que no tiene hoy del todo importancia quién esté en el poder, Ortega o los del Frente Farabundo Martí, justamente porque no hay ahí realmente una crítica de la economía política. Eso, la crítica del capital, es la recomendación de gente como Lenin, de gente como Rosa Luxemburgo. Bueno, hay que recuperar eso, por el amor de Dios.
Angelo Narváez
Angelo Narváez
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