“No basta solo el recuerdo”: Historia y memoria a 52 años del golpe de Estado

septiembre 09, 2025
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Una particular versión de la Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis y Quilapayún que estaba escondida en un casete entrega pistas sobre un fenómeno más grande: que siempre hay pequeñas historias que nos pueden hacer reflexionar sobre la Historia en mayúscula. En un nuevo 11 de septiembre, este texto es una pequeña manera de honrar la memoria.

El primer fin de semana de septiembre de 2019 compré una extraña versión en casete de la Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis y Quilapayún. Lo escuché esa misma tarde en la casa de mi mamá, esperando encontrarme con el audio original grabado en 1970, pero no. Lo que había en la cinta era una versión desconocida para mí, grabada entre 1978 y 1981 en París y editada primero por EMI en 1981 y luego por Alerce en 1984. Siendo muy «respetuosa» de la original, en esta versión había pequeñas modificaciones (en arreglos, música y texto), pero altamente significativas, sobre todo para los iniciados y para quienes crecimos escuchando esta obra.

La alteración que más llamó mi atención es en la letra de la «Canción final». Cuando el casete se acercaba a terminar, sentí curiosidad por cómo interpretarían una canción que, en su origen, presagiaba un futuro posible para el cual había que estar «resueltos para luchar». Los meses previos al golpe de Estado advertían sobre la posibilidad cierta de una restauración capitalista brutal, con apoyo de las élites chilenas y el gobierno de Estados Unidos. Para la época de este casete, ese futuro gris era ya una realidad más cruda que la anunciada en la grabación de 1970. Debía tener alguna modificación, pensé, porque el peso de ese texto era enorme y el nuevo escenario histórico ciertamente no era el mismo.

«No basta sólo el recuerdo / el canto no bastará / no basta sólo el lamento / miremos la realidad» fue reemplazado (o actualizado) por «no basta sólo el recuerdo / ya no basta con llorar / no es tiempo de lamentarse / cuando es tiempo de luchar». Una resignificación que hablaba del tiempo presente del grupo y de la catástrofe instalada.

Han pasado 52 años del Golpe y todavía van apareciendo pequeñas historias como esta, historias que van sumando nuevos capítulos a la Historia –con mayúscula–. 

La dictadura parece ser un pozo sin fondo, que por mucho que miremos no deja de entregarnos –de vez en cuando y de manera muchas veces casual– fragmentos de verdades esparcidas en los escondrijos del pasado. Es como una camisa de fuerza que aplica a todas las dimensiones históricas de nuestro pasado reciente: a los sobrevivientes y los familiares de las víctimas que claman por esos trozos de secretos que tal vez los perpetuadores se lleven a sus tumbas; los pobladores y luchadores anónimos como mi padre y madre, que a fuerza de trabajo, canto y cacerola ayudaron a que caiga el tirano; los jóvenes que no conocieron la noche larga, pero son ADN de la carne de este sistema segregador y criminal. Fragmentos buscando fragmentos, porque este pueblo sigue siendo feliz en la medida de lo posible. Hay un ancla sórdida que permanece atada a nuestro espíritu aun después de medio siglo y con un estallido social y un ciclo de ensayos constitucionales entre medio, que no bastaron para despojarnos de ese verbo innombrable.

Y ahí está la ironía. En la dictadura, el capítulo más oscuro de nuestro pasado, duermen (pero no descansan) las verdades que harán de nosotros un país menos desconcertado. Una verdad que muchas veces el mismo pueblo se niega a mirar. Mientras, los cómplices, dentro o fuera de La Moneda, juegan al futuro extirpando de la sala de clases nuestro más preciado tesoro y lo único que no se puede arrebatar a las naciones: su historia.

«Es cosa del pasado» dicen hoy sus herederos, como dicta el manual miserable de los otros que lo han recitado en cada una de las cloacas del siglo pasado.

«Señoras y señores / venimos a contar / aquello que la historia / no quiere recordar». 

Quilapayún y Luis Advis también nos iluminaron sobre esto. Memoria siempre.

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