Pensar, interrogar, proponer. Sobre “Escrituras en resistencia. Lecturas críticas de poesía de mujeres” de Patricia Espinosa

La escritora Diamela Eltit fue una de las presentadoras de este volumen, publicado por Ediciones Libros del Cardo e integrado por una veintena de textos que revisan críticamente la obra de veintiún poetas chilenas.
Desperdigados en la prensa, publicaciones académicas y otros en estado inédito, el texto se presentó el pasado jueves 25 de junio en el Museo Violeta Parra. Participaron junto a Diamela Eltit, Carolina Escobar y Fernanda Moraga.
[Las fotografías son de Eduardo Jiménez]
Patricia Espinosa es ya una figura icónica en el campo de la crítica literaria. Fue sorprendente, audaz y necesaria cuando se incorporó al diario “La Época” donde ejerció una voz crítica que se desplazaba entre la academia y el periódico generando así un inteligente pliegue y despliegue de sentidos que permitieron “leer” literatura desde su soporte discursivo pleno de lucidez analítica.
Su trabajo público, realizado a partir de los primeros años de la llamada “transición”, marcó una línea fundamental en la que el libro fue el protagonista, sus signos, la estética, la política de la letra. Su trabajo no fue concesivo, en ese tiempo, los 90, plagados de adeptos al concepto de “triunfadores”. Años en que se estableció un sistema regido por el consumismo que convirtió la tarjeta-deuda en el enriquecimiento de bancos y casas comerciales.
Una vez más me permito recordar que deuda proviene de debita, que significa tener sin tener. Fueron tiempos desde luego traumáticos, porque la dictadura yacía encapsulada, privada en gran medida de una memoria que diera cuenta de sus crímenes. En esos años 90, la crítica Patricia Espinosa leyó los bordes, la letra conflictiva, la literatura memoriosa, el abajo de una superficie aparentemente feliz. Se consolidó así una independencia cultural y fue esa independencia la que puso de relieve una política lectora emancipatoria que la definió y la define.

El avance del siglo XXI muestra un escenario nuevo, regido por un capitalismo fundado en la extrema acumulación de bienes y la digitalización de los cuerpos. Los narcosistemas y sus prácticas cruelmente codificadas, han permitido un impactante avance de la ultraderecha en el mundo, regímenes autoritarios que no controlan la violencia ni la seguridad, sino que profundizan la riqueza y, por otra parte, utilizan la religión como soporte político pues buscan restaurar agendas valóricas ya completamente discontinuadas. Una agenda que profundiza la conocida marginalización de los migrantes, la aversión a los cuerpos disidentes y reafirman, mediante sus propuestas, la desigualdad de género.
El mundo digital, dominado por algoritmos, vigilante siempre, auspicia la progresiva ausencia del cuerpo por su virtualización, promueve una fragmentación anticomunitaria. Sin límites y sin reglas la inteligencia artificial es amenazante y peligrosa para el mundo del trabajo, el orden y la seguridad del mundo. Pero también hay que considerar la escalada en torno al cuerpo. En este tiempo, el mercado incesante e insaciable dictamina modelos estéticos para las mujeres que requieren químicos y pabellones, precisamente desde imágenes seriadas promovidas mediante diversas tecnologías. Nada parece suficiente para alcanzar ese modelo siglo XXI que establece estereotipos raciales: labios africanos, nalgas caribeñas, pómulos europeos y desde este diseño múltiple se publicita un mercado de cuerpos que obliga también a inversiones incesantes. Así se realiza, ahora mismo, uno de los asedios más intensos en la historia del cuerpo de las mujeres regido por la imposibilidad y la distancia.
Experimentamos los inicios de una revolución tecnológica que va a modificar la realidad y, con seguridad, los tránsitos, las subjetividades, los imaginarios sociales y, desde luego, las autorías literarias. Hay libros escritos enteramente con Inteligencia artificial y sabemos que los propietarios de esta revolución tecnológica, todavía iniciática, son hombres cuyo poder excede lo imaginable y en este contexto habrá que preguntarse una vez más por la cultura y la literatura.

En ese sentido, se hace necesario establecer preguntas sociales, culturales y políticas. Precisamente Patricia Espinosa, en su libro: “Escrituras en Resistencia, Lecturas Críticas de Poetas Mujeres” pone de relieve de qué manera el orden, los órdenes y las órdenes que intervienen para legislar el valor de obras literarias. Así lo asegura Pierre Bourdieu, cuando se refiere al “campo” cultural como una zona conflictiva o, para ser más específica, marcado por zonas de poder y dominación. Y desde luego la literatura es un “campo” tenso, múltiple, de validaciones y notables tachaduras.
Es ese saber, en relación al campo lo que la autora de este libro pone de manifiesto, pues como asegura Pierre Bourdieu: “las mujeres sólo pueden entrar en el juego social pagando un derecho de entrada”. El sentido de este libro es pensar el campo poético y leer sus producciones, para examinar en su recorrido cómo se generan tensiones emancipatorias que rompen el esencialismo. Y en esa búsqueda, el centro estratégico que nos plantea la crítica literaria, radica en pensar y repensar el canon, polemizar con esa construcción y emprender una escritura liberada de arquetipos y estereotipos para así evadir el poderoso imperio de la dominación, pues según la analítica del texto, el canon es un espacio excluyente o más directamente el canon es un espacio ya colonizado donde las escritoras que ingresan son una especie de nativas de una tierra otra, sobrevivientes, intercambiables siempre.
Fanon en su célebre libro “Los Condenados de la Tierra” señala que la decolonización “es un programa de desorden absoluto” porque es necesario remover poderosas estructuras. El canon como un signo que inmoviliza, es masculino requiere de un afuera que lo desafíe. Ese es el proyecto de Patricia Espinosa: convertir el género en literatura, desobedecer y buscar la construcción literaria de subjetividades que alternen los soportes y los conmuevan.

Mientras leía el valioso texto introductorio, en torno al cual centro mi intervención, pensé que, en cierto modo, apuntaba al concepto de diseminación elaborado por Jacques Derrida. “La ausencia de significado trascendental extiende hasta el infinito el campo y el juego de la significación”, o como señala el autor francés: “El centro no es el centro”. El texto elaborado por Patricia Espinosa apunta a una territorialización otra, siempre móvil y por eso busca en las obras analizadas, signos y flujos liberadores sin negar los rezagos de efectos conocidos de los inevitables binarismos.
Son 21 poetas las que conforman este libro. Sus obras proceden de líneas de tiempos cruciales, libros escritos “bajo” o quizás habría que decir “sobre” dictadura, la productividad literaria durante la prolongada transición y en este cambio de siglo, pese a que, aunque ya sabemos que se trata de una convención temporal, los trabajos reunidos portan la acumulación de signos liberadores acumulados por años de un feminismo en permanente construcción cuyo engranaje es posible atisbarlo a partir del siglo XIX.
La crítica Patricia Espinosa piensa en la movilidad como estrategia, piensa en la subjetivación como elemento disruptivo y piensa en alterar las normativas que mantienen la desigualdad naturalizada por las hegemonías que se rearman sin cesar, una y otra vez, una y otra. Y otra más.




