Marisol García: Pensar en los significados del silencio

La periodista e investigadora musical Marisol García publicó su nuevo libro (No) se escucha. Silencios, pausas y acallamientos de la música en Chile, una aventura de silencios en plural que incluye un catastro sobre silencios en la música, pistas de John Cage en Chile y más.
El nuevo libro de Marisol García, el décimo si contamos sus coautorías, puede ser el más desafiante para los entusiastas de su obra, y al mismo tiempo, uno de los más apasionantes en términos de lo que podemos llegar a descubrir o intuir en sus páginas. Si bien el título sitúa bastante el foco de esta investigación, hay algo en el libro que parece escapar de los formatos y nos invita a volver de vez en cuando para confirmar que hemos aprendido algo nuevo y fascinante: un dato, una cita, una canción, una nota al pie, etc.
El oficio periodístico se entrelaza con el rigor de la academia o la musicología para lograr un método que, con el silencio como protagonista, nos conduce por la historia, la música popular, la música de tradición escrita o la literatura de referencia.
Como se ha dicho, aquí el silencio es plural y múltiple. Destaca la obra de referentes como John Cage, cuya figura atraviesa buena parte del libro, en parte gracias a su 4’33», famosa pieza de partitura vacía, de gran impacto para muchos artistas e ineludible a la hora de hablar del silencio en la música.
La autora no solo aborda a Cage en su mérito y carácter simbólico, también se refiere a su vínculo con nuestro país y a su relación e influencia con algunos artistas locales (desde el compositor Eduardo Cáceres hasta Bertoni, el poeta). Además, presenta una lista de las ocasiones en que parte de la obra del compositor estadounidense ha sido interpretada en Chile. Un catastro que ella define como «pesquisa personal» y que seguramente será obligatorio para quien se atreva a volver sobre este tema.

Como una reportera que cubre el silencio desde distintos frentes, a través de siete capítulos la autora despliega variadas ideas sobre la complementariedad entre música y silencios. Esta situación se desarrolla en general desde las vanguardias musicales, pero también recurre a casos que podrían considerarse anecdóticos, como el de la banda Vulfpeck, que engañó a la plataforma Spotify a través de un silencio tramposo, llamando a sus seguidores a escuchar un disco (Sleepify) con canciones que no pasaban los 30 segundos de duración, todas en silencio.
Este y otros silencios (silencio pandémico, silencios creativos, censuras o restricciones autoritarias) son descritos en el libro, con la premisa de que el silencio debe ser voluntario, jamás impuesto.
También recorre el texto la idea de escucha atenta, esa que no necesariamente pone atención a las recomendaciones y trampas del algoritmo. «La escucha de música es un ir y venir de sonidos y también de silencios», escribe Marisol.
—Para algunos leer el libro funcionará como una invitación a agudizar la escucha. Entre otras cosas, ¿el texto es un llamado a disfrutar la música (y sus silencios) de manera más reflexiva?
Qué bueno que lo entendiste así, pues los silencios del libro —muy diversos, y de muy diferentes intenciones y significados—son una excusa para plantear provocaciones a nuestra escucha; o, más bien, a la atención que le ponemos. Son tiempos de profundos cambios en nuestra relación con la música, pero el análisis sobre estos suele estar centrado en la discusión sobre nuevas tecnologías y/o nuevas tendencias o modas estéticas. Desde el periodismo musical, que es un campo que me ha ocupado por treinta años, veía necesario ampliar esa reflexión hacia nuestros hábitos y, sobre todo, los intereses que hoy se ciernen sobre qué y cómo escuchamos, sin que seamos conscientes de ellos.
El silencio nunca es vacío, y en mi libro hay una invitación a pensar en sus muchos significados desde la actualidad de nuestra era de «streaming-algoritmotizada», y como pista elocuente en el desarrollo de la música chilena.

—En el capítulo sobre ‘silenciamientos’ hay casos que describen restricciones e incluso falta de interés por parte de la autoridad y los agentes culturales. ¿Crees que hoy en día hay tipos de silenciamientos que se encuentran naturalizados? Como el ninguneo a ciertos tipos de música, por ejemplo.
No es que yo lo crea, es que es un hecho objetivo de que la circulación de música se da de manera selectiva y jerarquizada, según criterios que pueden ir desde la rentabilidad comercial, hasta el descarte por prejuicios (de clase, etarios, políticos, regionales, etc.). Sé que la palabra «censura» es fuerte, y la asociamos, justificadamente, a un período particularmente represivo de la historia reciente de Chile. Pero no es esa la única manera en que se ha sesgado el acceso a la música chilena, y nos vendría bien estar más alerta a la serie de restricciones cotidianas e injustificadas que nos impiden conocerla mejor.
Silencios chilenos y escucha activa
«Captar el silencio es abrirse a lo indeterminado», se lee en alguna parte del libro, y esta parece ser la señal que sigue la investigadora a la hora de proponer una lista sobre silencios en la música chilena. Según el texto, en el caso de nuestro país los silencios pueden identificarse incluso desde algunos rituales vinculados a pueblos originarios.
Los silencios y pausas utilizados por los músicos, de distintos géneros musicales y épocas, si bien pueden responder a decisiones estéticas, poéticas o simples recursos técnicos, son descritos de manera certera en la lista creada por la autora. Se trata de un compendio que recorre siete décadas y que, entre piezas propias de la partitura, el casete o el disco, incluye temas como «Caszely» de Jorge González, presente en el disco Mi destino, o el emblemático «Nos fuimos quedando en silencio», del dúo Schwenke y Nilo.
—El apartado que incluye una lista de silencios en la música chilena va desde la compositora Leni Alexander a Schwenke y Nilo. Dices que no es definitiva pero ¿cómo llegaste a cerrar ese catastro tan preciso y apasionante?
No se había hecho un catastro como ése hasta ahora; en parte, porque los silencios no suelen ser vistos como un recurso creativo ni musical. Espero que los argumentos y ejemplos de mi libro convenzan a quienes lo lean sobre lo contrario. Y, sí: son muchos ejemplos, y muy diversos (además de los musicales, en otro capítulo están los que califican dentro del arte sonoro u otro tipo de propuestas).
—¿Tienes alguna pieza favorita?
De la lista que mencionas no puedo escoger un favorito, pues todos son muy diferentes y justificados en sí mismos. Pero me gusta mucho la síntesis sencilla pero muy profunda que en 1984 buscó hacer Cirilo Vila con su obra Hojas de otoño. Égloga para solo de flauta: el compositor indicó que las cuatro hojas de su partitura se dejen caer al suelo, junto a unos segundos de silencio en la interpretación. Dado el contexto, era una poderosa metáfora sobre la represión al desarrollo fluido de las artes en Chile bajo dictadura.

—Sobre la correlación entre sonidos y música y el uso de pausas. ¿Crees que la música actual desarrolla algo de esta dinámica o tiende a ser formulaica?
No puedo dar una única respuesta, la verdad. Tal como insisto en que el silencio en mi libro debe entenderse en plural, quiero creer que la creatividad musical en Chile (y en el mundo) sigue siendo muy diversa, incluso en estos tiempos de estandarización de la escucha. Confío en que músicos y también auditores podemos resistir. Defender una escucha más consciente y activa pasa por apreciar las pausas que nos permiten tomar distancia de la sobreoferta, hipermercantilización, conservadurismo estético y manipulación digital que parece dominar hoy la circulación de grabaciones. Apropiarnos y decidir nuestra escucha exige un poco más de esfuerzo que antes, pero sigue siendo tan relevante como siempre lo ha sido.



