Extractos de «La performance de volverse humano» de Daniel Borzutzky

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Traducción de Galo Ghigliotto
Nota introductoria
 
No hay guirnaldas ni challa en la poesía de Daniel Borzutzky. Más cercanos a narraciones orales, sus poemas nos guían por laberintos de una pesadilla alucinógena en HD, donde lo absurdo del mundo resulta demasiado reconocible. Borzutzky nació en Pittsburgh en 1974, hijo de chilenos inmigrantes, por lo que su relación con Chile y el español se gestó desde un lugar más bien íntimo. Pero más allá de esta filiación, su poesía dialoga con Chile y América Latina al tratar temas tales como la migración latinoamericana hacia Estados Unidos, los espacios fronterizos, el imaginario gringo de los latinos y, en general, los recovecos culturales que trasmina el imperio. Chicago, la ciudad donde Borzutzky reside hace años, es otra, aunque siniestra, conexión con Chile; y su poesía parece emanar desde un universo donde la escuela de economía de Chicago gobierna un espectáculo de felicidad para algunos y de miseria para otros. Hay algo aquí que recuerda a Orwell y Rodrigo Lira, Nicolás Guillén y Osvaldo Lamborghini, una suerte de transculturación de la locura con la esperanza.
 
La extensa obra de Borzutzky incluye los siguientes volúmenes de poesía: The Book of Interfering Bodies (2011), Memories of My Overdevelopment (2015), In the Murmurs of the Rotten Carcass Economy (2015), Lake Michigan (2018, finalista en el International Griffen Poetry Prize) y The Performance of Becoming Human, ganador en el año 2016 del National Book Award, uno de los premios más prestigiosos de Estados Unidos. Es también un destacado traductor, llevando al inglés títulos como Puerto Trakl de Jaime Huenún, Canto a su amor desaparecido y El país de tablas de Raúl Zurita y Valdivia de Galo Ghigliotto, libro que ganó el National Translation Award en 2017.
 
Los extractos de poemas que presentamos son de The Performance of Becoming Human, traducido al español por Galo Ghigliotto como La performance de volverse humano, recientemente publicado en Chile por Editorial Cuneta. Se trata del primer volumen de poesía de Borzutzky en español y no podemos dejar de destacar este nuevo intercambio entre el autor y el traductor. Borzutzky y Ghigliotto han hecho un cambalache que revela un proceso determinante en nuestra experiencia autoral: traducir, escribir y ser traducido.
 
Óscar Pimienta
La performance de volverse humano
 
Al costado de la carretera un millar de refugiados desciende de un bus escolar para quedar bajo un sol que sólo puede describirse como “abrasador”.
 
El rabino apunta hacia la línea que cruzan los refugiados y dice: “Ahí es donde empieza el país”
 
Esto me recuerda al tío Antonio. Se habría muerto si su cuerpo torturado no hubiese sido intercambiado por minerales a otro país.
 
Esto lo acabo de inventar.
 
Esta es una historia sobre inmunidades diplomáticas.
 
Los refugiados fueron tramitados a través de Austria o Alemania o tal vez Suiza.
 
De alguna manera fueron encontrados en algún pueblito de mierda en algún paisito de mierda por soldados europeos y llevados a una embajada donde fueron debidamente bañados, vacunados, interrogados, etc.
 
Sus cuerpos fueron intercambiados por el país A a cambio de algún recurso natural valioso demandado por el país B.
 
Había sólo una mordaza, dice el rabino, mientras acuesta a sus hijos en la cama. Entonces los soldados hicieron turnos para pasar el trapo mugriento de un lado a otro entre las bocas de ambos prisioneros. La madre y el hijo se lamieron mutuamente las babas del trapo sucio que estuvo en quién sabe cuántas otras bocas.
 
Te encanta escribir sobre esto, ¿verdad?
 
Me pagan las transcripciones por palabra. Sólo una pregunta más sobre la mordaza.
 
Él quiere saber de qué color era la mordaza, de qué estaba hecha, cuántas bocas la habían lamido. ¿Cientos, miles, decenas de miles?
 
Ellos usaron sus cinturones para atarlos de la cintura a la pequeña jaula en la que estaban atrapados.
 
Todo esto me recuerda la historia de un simio capturado en un barco por un grupo de soldados europeos que le mostraron cómo volverse humano enseñándole a escupir y a eructar.
 
Todo se trata siempre de la performance de volverse humano.
 
Observando a un refugiado recién tramitado, el rabino dice: “He visto esos bluyines antes”.
 
En momentos como este, piensa: podría decir casi cualquier cosa ahora mismo.
 
Este es, después de todo, un cuento infantil sobre el fin del mundo.
 
(…)
 
Los cuerpos quebrados se paran junto al río y esperan la radiación para escabullirse fuera
de las casas y dentro de su piel.
 
Se paran bajo carteles gigantes y aspiran pintura y saben que los ojos que los miran controlan sus cuerpos.
 
Una interpretación más generosa podría ser que sus cuerpos pertenecen a la Tierra, al Estado y al banco.
 
Las frases colapsan una por una y los cuerpos colapsan en tus manos sangrantes y me suturas y rezas para que me quede dormido y me cuentas sobre las paradas de bus destrozadas donde los refugiados esperan a los buses que los lleven al mall donde nos tienen detenidos ahora y hay un hombre afuera de nuestros cuerpos comentando sobre la perspectiva y la escala y la luz y otra vez hay luz en tus dedos sangrantes.
 
Todo lo que veo es el mar y a mi madre y a mi padre cayendo en él.
 
(…)
 
Los ratones espaldas mojadas divisan el queso gringo.
 
Huelen el queso gringo.
 
Tu queso gringo huele tan bien.
 
Necesitan a Speedy González para que les traiga un pedacito de queso gringo, maduro, fresco y hediondo.
 
¿Conoces a Speedy González?, pregunta uno de los hambrientos ratones espaldas mojadas.
 
Yo lo cacho, Speedy González eh amigo eh mi hermana (los ratones se ríen). Speedy González eh amigo eh todas las hermanas.
 
Ja ja ja pequeños cruzafronteras, ratones patas negras, piensan que es lindo eso de invadir nuestra cultura para robarnos el queso pero da lo mismo porque tú y yo (pongan un rhythm & blues) estamos dando un paseo sobre el cerco eléctrico del amor porque siento que estamos a punto de conocer un pequeño romance transnacional del Sur de California.
 
(…)
 
Pero en serio, amigos:
 
¿Qué podemos hacer realmente contra la oscuridad que nos rodea?
 
Anoche desmenuzaron dos docenas de cadáveres y hoy tengo que ir a buscar la ropa al lavaseco.
 
Por la mañana necesito revisar una evaluación del aprendizaje de los alumnos como parte
de una importante iniciativa administrativa para asegurar el futuro de la nación otorgando
títulos de valor económico para la juventud urbana alienada.
 
Así que por ahora hasta luego compadres y no se preocupen tanto por el cesto de mierda
murmurante que son las noches estadounidensianas.
 
¿Qué dice? ¿Qué dice? ¿Qué quieres que diga?
En las ciudades ardientes del cadáver podrido de tu boca
 
Qué pena vivir en un mundo tan cartucho
que ya no podemos tener cosas como el Frito Bandito.
 –Comentario en YouTube
 
Los chicos comían los arbustos afuera de sus ex casas pulverizadas por el Bank of America.
 
Había un niño en un arbusto improvisando una canción sobre una excavadora que aniquilaba los centros burocráticos de la tierra.
 
¿Te acuerdas del queso?, le cantó a su amigo.
 
¿Te acuerdas de la piña?
 
¿Te acuerdas de los ferris?, cantó.
 
¿Te acuerdas de los patos?
 
¿Te acuerdas de las campanas de la escuela y los cobardes y los niños que vendrían a nuestro patio a comer las sobras que les tirábamos antes de que la ciudad empezara a arder?
 
(…)
 
Luego encontré una choza moribunda y ahí había un hombre encadenado y roncaba y hablaba entre sueños y olía a pipí y se quejaba de que había perdido su pensión cuando privatizaron la ciudad en los últimos días de la economía de cadáver podrido.
 
Cuidar el mundo es una tarea de mierda si no eres una persona sociable.
 
Durmió en el suelo atado a una cadena.
 
Se movía sobre su entrepierna y por veintitrés dólares te bendecía para ir al cielo y así no tendrías que permanecer en el purgatorio de la ciudad ardiente.
 
Cuanto más lejos caigo más pequeño me vuelvo, cantaba.
 
(…)
 
Desafío imaginativo #1:
 
Imagina que hay un bandido de bola de matza en tu casa. Compras un montón de bolas de matza y las mezclas con jalapeños y Fritos y les prendes fuego y entonces sobrevives al apocalipsis porque los Fritos pueden estar encendidos para siempre y no necesitas encontrar leña ni nada de eso así que al fin tendrás tiempo de estudiar a Karlitos Marx mientras miras al héroe mexicano del Manchester United Chicharito Hernández meter un golazo furtivo en los segundos de descuento de la Carling Cup mientras comes hongos alucinógenos mientras miras en otra pantalla a Eric Estrada en Chips y escuchas un podcast del Libro del Levítico en tu iPod Touch mientras skypeas con tu mamá mientras sexteas con tu novio quien trabaja para la policía secreta.
 
Escribe un soneto o una villanela sobre esta experiencia sin usar ningún adjetivo.
 
Entonces me agarré de un hombre atrapado bajo mi cuerpo.
 
Se negó a dejar de respirar y también yo.
 
Hacían 37 grados.
 
Había ecos atrapados en el muro y pertenecían a los cuerpos rotos que esperaban el bote en el río.
 
Y el hombre en mis brazos preguntó: ¿Son de gente común, esas voces atrapadas?
 
Son de personas comunes, le dije. Demolidas, implacables, solas.
El mundo privado
 
¿Escuchaste la del hombre al que encontraron quemado en un tarro de basura?
 
La policía lo amordazó con un trapo empapado de bencina y le tiraron un fósforo encendido
 
Vinieron rápidamente siquiatras para atender a los policías a los que les habían pedido quemar el cuerpo
 
Les dieron los medicamentos adecuados, los calmaron con las palabras adecuadas, les enseñaron las técnicas correctas para sanarse de modo que pudieran mantenerse cuerdos bajo los murmullos de la economía de cadáver podrido
 
Hola. ¿Qué es lo que te habla en la noche?
 
¿Te penan las voces de los inmigrantes que murieron asfixiados en un camión abandonado a un costado de la autopista de Arizona?
 
El chofer los encerró en el camión y se fue a tomar unos tragos al Bar de la Buena Fortuna del condado de Maricopa
 
No fue su intención ausentarse por dieciséis horas
 
No fue su intención tomar hasta desmayarse y dejarlos en un camión sin agua ni aire
 
En fin
 
Sólo murieron algunos
 
Gente fea
 
De hecho, comentó, prefiero mis pesadillas con un toque más urbano
 
(…)
 
¿Escuchaste la de los refugiados que pudieron estallar el paradero?
 
Los refugiados esperaban en el paradero el bus que los llevaría de un centro de detención al otro
 
Eran de Nueva Orleans
 
Eran de México
 
Eran de Ruanda, Irak, Eritrea, Chicago, Detroit, Sudan, Guatemala, El Salvador, Cuba, Kazajistán, Siria, etc…
 
Eran de mi barrio y cuando vinieron a tu barrio sus cuerpos aparecieron como campos de trigo en llamas
 
Con un truco de la cámara ahora aparecen como puentes derrumbándose que expulsan autos extranjeros a un salado y enfurecido océano
 
Llevaron los refugiados a la morgue y les pidieron que imaginasen sus rostros en cuerpos de pájaros
 
Fue una cortesía elaborada por un think tank
 
Sus muertes serían más sencillas si pudieran salir volando en alguna dirección
 
El moribundo tenía dos cuerpos
 
Uno de ellos fue destinado al mundo privado
 
El otro fue destinado a otro mundo privado
 
Una boca dijo: sólo existe este mundo
 
Un vientre dijo: ya han privatizado el bosque, las nubes, el cielo, las piedras, el agua, los árboles, las abejas, las flores, la luna
 
Una boca dijo: los trabajadores deben luchar contra la privatización de todo
 
Luego escupió ladrillos y cuando los ladrillos chocaron contra la vereda algunos cuerpecitos cayeron fuera de ellos
 
Eran réplicas de los cuerpos asesinados cuando se desplomaron las minas de carbón de West Virginia, China, Colombia, Chile, Sudáfrica, Utah, Bosnia, etc.…
 
Sus pulmones estaban negros y al tocar sus rostros manchados de carbón la piel se les desvanecía
 
La violencia revolucionaria me disgusta, dijo la voz
 
Una voz dijo: mis huesos fueron destrozados primero por la policía y luego por los revolucionarios
 
Se estaban peleando por resolver la misma interrogante:
 
¿Qué significa renunciar a tu cuerpo por una abstracción?
 
Arrastramos nuestros cuerpos al banco
 
Les cantamos a los banqueros: sentimos la necesidad de culpar a alguien por nuestra miseria colectiva
 
Los banqueros cantaron: somos sus hermanos
 
Tomen estos huesos y chúpenlos
 
Tomen estos cubos de hielo y masajean sus cuerpos con el frío mientras hacen el amor en este horrible vacío
 
(…)
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Extractos tomados de La performance de volverse humano de Daniel Borzutzky. Trad. Galo Ghigliotto. Santiago: Editorial Cuneta, 2019. Utilizados con el permiso del autor y el traductor.
Óscar Pimienta
opimienta@mail.com